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Negociadores sin eco

El Financiero

? La negociación legislativa necesita un reglamento racional?.

Publicamos en esta edición, como remate del primer año de labor parlamentaria, una caracterización de los diputados. Hay para todos los gustos. De este menú político nos interesa entresacar un dato: sobresalen siete, en el campo de la negociación, más cuatro conciliadores, proclives a la negociación o a su facilitación.

No sorprende que, según este recuento periodístico, el jefe de fracción del Movimiento Libertario hasta este 1° de mayo, Federico Malavassi , haya preferido la beligerancia y el bloqueo parlamentario a la negociación.

Esta posición negativa fue la línea constante de este partido en este período, aunque pudiera variar en el segundo, dada la personalidad del nuevo jefe de fracción, Peter Guevara , y los efectos contraproducentes del obstruccionismo a ultranza.

En cuanto al Partido Acción Ciudadana, la disidencia de Humberto Arce con su partido originario no refleja la actitud negociadora de otros diputados o de la cúpula del partido, como se pudo de manifiesto en diversos proyectos de ley.

Son siete, entonces, los diputados negociadores: tres del Partido Liberación Nacional, tres del Partido Unidad Social Cristiana y uno, el único, del Partido Renovación Cristiana. El saldo es positivo por cuanto son diputados con influencia suficiente, por su experiencia y preparación, en todas las fracciones. ¿Por qué, entonces, los resultados, en este primer año, no fueron superiores? Por una razón principal: la vigencia de un reglamento interno que, en lo tocante al plenario, está hecho a la medida de los diputados dispuestos a posponer el interés público en aras del propio, del partido o de otros intereses, al punto que basta el boicot de un solo diputado para que se paralice el funcionamiento del plenario.

Este poder de veto individual hace que cualquier diputado con deseos de figuración, por espíritu destructivo, por aldeanismo o por objetivos extraparlamentarios rechace, a priori, la negociación interna, imprescindible en una asamblea legislativa democrática.

En vista de que la Asamblea Legislativa no funciona conforme a un cronograma de trabajo, cada diputado puede hablar sin límites y cada uno tiene poder de veto, la tramitación de los proyectos de ley depende, en última instancia, no solo de la capacidad de negociación, sino de la buena voluntad de los diputados, esto es, de su sentido del interés público, de su visión de los asuntos nacionales y de sus valores éticos.

En estas condiciones, la Asamblea Legislativa no puede darles cima a los proyectos más importantes para el país, pese a que nuestros diputados están abrumados de trabajo y les dedican mucho tiempo a sus tareas.

En conclusión, la Asamblea Legislativa tiene un grupo de experimentados y capaces negociadores que no pueden completar su tarea por el sistema prevaleciente, complicado, además de lo dicho, por diputados que, durante la campaña política pasada, eran los más ardientes partidarios, pero, una vez sentados en la curul, se han declarado disidentes o prefieren dormir en camas separadas, disfrutando del partido, pero sin responsabilidad con él.

Entre tantos intereses políticos y personales, y especímenes, ¿se puede negociar en aras del bien común? Hasta ahora, la respuesta es, lamentablemente, negativa. Este es el horizonte que nos espera este nuevo año.


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