| Archivo | Indicadores | Domingo 11 de mayo, 2003 | Escríbanos |
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Discípulos de don Torcuato José David Guevara M.El Financiero
Cuenta el desaparecido escritor costarricense Joaquín Gutiérrez , en su libro Cocorí, que cuando este niño ?de rostro oscuro como el caimito? iba en busca del caimán don Torcuato ?para preguntarle por qué su rosa vivió tan poco? la tortuga doña Modorra le dio el siguiente consejo: __Tienes que ser muy educado, Cocorí; ya sabes que don Torcuato es muy quisquilloso. Trata de halagarlo, porque es muy sensible a las adulaciones. Es triste esto ?suspiró la Tortuga?, que tengamos que recurrir a armas innobles, pero no hay otras. La vigésima segunda edición del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define la palabra quisquilloso como la persona que se para en quisquillas; es decir, en menudencias y pequeñeces. De acuerdo con el relato de don Joaquín, en esa ocasión su personaje con ?pelo en pequeñas motas apretadas? no obtuvo respuesta a su interrogante debido a que a final de cuentas se impuso la actitud quisquillosa de don Torcuato. En la actualidad, 56 años después de haber sido publicado por primera vez, el hijo de mamá Drusila vuelve a fracasar ante actitudes quisquillosas. Esta vez las menudencias y pequeñeces no provienen de alguno de los otros personajes del libro más traducido de Gutiérrez (16 idiomas; entre ellos, francés, inglés, ruso, alemán, eslovaco y búlgaro), sino de un grupo de costarricenses que consideran que el relato lesiona al negro ?algo que la Sala Constitucional rechazó de plano?. Para referirse a quienes así opinan, la viuda de don Joaquín, doña Elena Nascimiento, utilizó un término pariente del vocablo quisquilloso: suspicaz. ?Quizá sea un exceso de suspicacia de estas personas, quienes heredaron los prejuicios de sus antepasados. Es absurdo pensar que este libro es racista?, expresó a La Nación el pasado lunes 21 de abril. Comparto la opinión de doña Elena. Calificar a Cocorí de racista solo puede ser producto de una mente suspicaz, palabra definida por el DRAE como ?propenso a concebir sospechas o a tener desconfianza?. Solo con esa actitud, aunada a la del quisquilloso, puede hacerse una interpretación tan antojadiza y ligera como la que se hizo para solicitarle al presidente Abel Pacheco y al Ministerio de Educación Pública eliminar el libro del programa de lecturas obligatorias en las escuelas. Consultado sobre la exclusión de este texto, el viceministro de Educación, Wilfrido Blanco, dijo: ?Queremos fomentar el gusto por la lectura y no que el niño se sienta obligado a leer algo porque se le impone?. Quedamos notificados, entonces, de que las lecturas que las autoridades en educación sí escogen como obligatorias, no fomentan el gusto por la lectura. Ante una decisión como esta, más liviana que la hoja del aire, no queda más que decir Murámonos, Federico. |
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