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¿Todo por ?e-mail??

Marjorie Ross
Para El Financiero
Marjorie Ross

Como la ?reunionitis? es una plaga improductiva, para combatir la enfermedad fácilmente podemos caer en otro error: decidir que todo hay que hacerlo por correo electrónico, eliminando por completo el contacto personal.

Molestias

Esto genera disconformidades varias, tanto entre quienes son del tipo verbalizador, y quieren hablar y hablar y hablar, como entre aquellos que piensan que un sano diálogo personal puede, a veces, lograr una comunicación más fluida, que tiende a perderse, en su opinión, en el amplio mundo del ciberespacio.

Hay quienes realmente se frustran, porque piensan que han producido su idea más genial, y cuando quieren participarla a sus colegas, la respuesta es un gélido: ?¿No podés decírmelo mejor por e-mail??. Sienten que ese medio no es suficiente para exponer su proyecto, y que la palabra escrita, en la brevedad del correo electrónico, les impide hacer uso de su elocuencia y de sus habilidades para la comunicación interpersonal.

Los expertos anotan que esta es una fase transitoria. Subrayan que siempre que hay nuevas tecnologías, cuesta al principio encontrar el punto de equilibrio en su utilización.

Alivio

La verdad es que para quienes no somos fanáticos del teléfono, la concisión y brevedad de los mensajitos es un verdadero alivio. Siempre y cuando la otra persona de veras revise su casillero de correo al menos una vez al día, claro está.

Y tomando en cuenta que podemos enfrentar por esta vía otros factores productores de estrés, como el caso de aquellos que siempre tienen el casillero repleto, lo que hace que nuestros mensajes reboten una y otra vez. Allí no queda más que usar el teléfono, o provocar la necesaria reunión.

Pero volverse enemigo del correo electrónico en la empresa, es algo así como el recurso de quemar el sofá en aquel viejo chiste. Lo óptimo, más bien, es lograr el equilibrio.

Los detalles simples y de mera rutina, pueden manejarse por vía electrónica. Cuando se trata de asuntos que requieren discusión, se aconseja enviar (¡por e-mail!) una agenda o lista de puntos que se deben discutir personalmente. Y puntualizar el tiempo aproximado que necesitaríamos que la otra persona nos dedique frente a frente.

Una vez logrado eso, no debemos pasarnos del plazo acordado, alargando innecesariamente la reunión. De vuelta en la oficina, no estaría de más resumir lo discutido y acordado, para ser enviado al interlocutor?por correo electrónico.


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