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Sin miedo a la confrontación

Rodolfo González Ulloa
El Financiero

Impulsivo al principio, negociador al final, así fue el expresidente José María Figueres

José María Figueres OlsenSegún analistas, la imagen presidencial de Figueres mejoró con la llegada de Intel y la visita de Bill Clinton, expresidente de EE.UU.

Llegó a la presidencia de la República en su primera campaña electoral y sin necesidad de pasar por el Congreso. Respaldado por la imagen de su padre ?José Figueres Ferrer, caudillo de la guerra civil de 1948 y fundador del Partido Liberación Nacional (PLN)? José María Figueres Olsen tuvo en 1994 la oportunidad histórica de suceder a un Calderón en la presidencia y cerrar las heridas que se abrieron en la guerra civil de 1948.

Sin embargo, esa coyuntura que lo favoreció como candidato, lo perjudicó como presidente: le faltó experiencia legislativa para aprender a negociar. A esto se sumó su personalidad impulsiva y confrontativa, que le trajo numerosos problemas en sus dos primeros años de gobierno.

Sin embargo, analistas políticos reconocen mayores logros a la administración Figueres con el paso del tiempo: Fuerte impulso y atención personal a la atracción de empresas extranjeras ?especialmente Intel? la apertura bancaria de las cuentas corrientes y el redescuento, la disciplina fiscal ?que le evitó a su sucesor Miguel Angel Rodríguez la tradicional negociación de un paquete fiscal?, la promoción de 600 Equipos Básicos de Atención Integral en Salud (Ebais), la inauguración del programa de Telemedicina, la reforma constitucional que garantiza a la educación un 6% del PIB, la ampliación de la cobertura del segundo idioma y computación en la enseñanza primaria y media, y hbaer puesto sobre al tapete nacional ?aunque sin lograr grandes transformaciones en este campo? el problema de la deuda interna.

Como puntos polémicos tuvo el cierre del Banco Anglo, la reforma del régimen de pensiones del Magisterio Nacional ?que le costó una prolongada y fuerte huelga?, la firma de un pacto político con Rafael Angel Calderón y Miguel Angel Rodríguez, una anunciada reestructuración del gabinete que generó más expectativas que reformas profundas, la fracasada negociación del tercer Programa de Ajuste Estructural (PAE III), y el cese de operaciones de telefonía celular de Millicom Costa Rica, subsidiaria de la transnacional Millicom International.

El politólogo Kevin Casas señaló que el gobierno de Figueres tenía una visión de largo plazo para el país y una encomiable voluntad de entrarle a problemas largamente pospuestos. Sin embargo, opina que al principio Figueres fue bastante alérgico a la formación de consensos, tuvo una crónica incapacidad para informar sus decisiones y posiciones, y un manejo político muy pobre, derivado de una gran inexperiencia.

?Figueres pagó como nadie el precio de haber llegado muy pronto a la Presidencia. No es casual que los dos últimos años del gobierno fueran mucho mejores que los primeros dos: simplemente todo el equipo aprendió en el trabajo?, dijo Casas.

Liderazgo polémico

Pero sobre la administración Figueres aún pesa la mala sombra de los primeros 24 meses, un período que mostró a un presidente dispuesto a abrir de manera simultánea diversos frentes de confrontación. Lo hizo con los maestros, al reformar el sistema de pensiones del Magisterio Nacional, con los diputados ?al negarse a remover a su ministro de Seguridad, Juan Diego Castro, luego de que el Congreso lo censurara por promover una marcha de policías frente a la Asamblea? y con los partidarios del PLN ?al firmar un pacto con los líderes socialcristianos Calderón y Rodríguez para promover la aprobación de leyes en el Congreso?.

En la desaparecida revista Rumbo, de marzo de 1996, el sociólogo José Carlos Chinchilla señaló que Figueres presentaba una imagen muy dura, asumiendo una línea tajante en sus posiciones, que rompía con el estilo conciliador que se esperaba de los presidentes, al asumir que de las confrontaciones salen las soluciones.

En medio de esto, uno de los contrastes que más afectó a Figueres fue el divorcio entre su discurso de campaña y las medidas que tomó en el gobierno. Mientras en el proceso electoral atacó la propuesta del PAE III de la administración anterior, aseguró que no autorizaría más cartas tributarias y no favoreció lograr acuerdos con la oposición socialcristiana, en el transcurso de los dos primeros años hizo todo lo contrario.

Asimismo, durante ese período no logró cristalizar promesas de campaña tales como aumento de la seguridad ciudadana, resolver el problema de los rellenos sanitarios y reparar los huecos en las calles. En medio de una pérdida de credibilidad, el gobierno impulsó una campaña publicitaria que decía ?Cada día estamos mejor?, que cayó como un balde de agua fría entre muchos sectores de la población.

El economista Leonardo Garnier, ministro de Planificación durante esa administración, señaló que no hubo incoherencias entre el discurso de campaña y lo que hizo el gobierno, pero sí fallas de comunicación.

?No logramos hacer entender a la población, por ejemplo, que al negociar el PAE III no cedimos en los aspectos en los que lo habíamos criticado en campaña?, dijo.

La imagen mejoró con la llegada de Intel a Costa Rica y la visita del presidente Clinton, así como el mensaje de romper el ciclo político electoral, en aras de dejar unas finanzas públicas más sanas a su sucesor.


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