| Archivo | Indicadores | Domingo 01 de febrero, 2004 | Escríbanos |
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Después de Washington El FinancieroLa conclusión de las negociaciones en el marco del Tratado de Libre Comercio entre los EE.UU. y Centroamérica (Cafta) debe verse como la culminación de una primera etapa en el camino hacia la integración económica con nuestro principal socio comercial. Lo acontecido la semana pasada en Washington es importante porque resume el esfuerzo que el Poder Ejecutivo y diversos actores privados han realizado a través de muchas rondas de negociación. Sin embargo, ello no debe ocultar la igualmente importante tarea que la Administración Pacheco todavía tiene por delante. Para empezar, será imperativo que, a partir de ahora, el Poder Ejecutivo realice una amplia y bien pensada labor de comunicación sobre los alcances del Cafta, con el propósito de que se divulguen los beneficios, las oportunidades, los retos y los cambios que cualquier acuerdo de este tipo conlleva. En ese cometido cuenta con la ventaja de que los costarricenses parecen reconocer la relevancia que tiene profundizar nuestra vinculación comercial con los EE. UU. y que éstos, mayoritariamente, ven con beneplácito el acuerdo. No obstante, también es cierto que los dirigentes de los gremios que se sienten afectados ya han hecho sonar sus tambores de guerra y es de esperar que aquellos recurran a cualquier argumento con el fin de dificultar su aprobación. Ello obliga a que la ciudadanía esté alerta y debidamente informada a fin de poder evaluar, objetivamente, los pro y los contra de una discusión que inevitablemente acaparará su atención en los próximos meses. Además, según nuestro régimen constitucional, corresponde ahora a la Asamblea Legislativa conocer el texto negociado para, posteriormente, aprobar o improbar lo convenido. De esta manera, los diputados tendrán ante sí la responsabilidad histórica de ponderar con madurez y visión patriótica el resultado de la negociación. No está dentro de sus potestades constitucionales modificar los alcances del acuerdo pero sí es su obligación determinar si el balance final satisface los intereses generales del país aunque ello no signifique que se hayan satisfecho los intereses de cada uno de los sectores afectados. En esta importante labor los legisladores deberán tener cuidado de no caer en las garras de los grupos de presión -siempre más organizados y dispuestos a invertir mayor tiempo y recursos en la defensa de sus beneficios-. Lamentablemente, el trámite de aprobación legislativa de otros acuerdos comerciales ha puesto de manifiesto cuán vulnerables pueden ser los diputados ante esas presiones y cuán anodina la discusión que se genera. Por ello, el liderazgo que el Presidente Pacheco y otros dirigentes nacionales lleguen a ejercer en este proceso y en el forjamiento de las alianzas políticas que se requieren para la aprobación del CAFTA será determinante y sería un error creer que la responsabilidad del Poder Ejecutivo cesa con la firma del acuerdo. Finalmente, el cierre de la negociación obliga al Gobierno a retomar, con prontitud, una serie de planes y programas que resultan indispensables para que nuestros sectores productivos puedan salir airosos en un ambiente de mayor competencia: la desregulación, la reforma financiera, la promoción de las exportaciones, la mejora de la infraestructura, la modernización aduanera, la eliminación de monopolios, adquieren ahora un carácter de urgencia que no admiten ya más excusas ni dilaciones.
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