| Archivo | Indicadores | Domingo 01 de febrero, 2004 | Escríbanos |
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NUESTRO TIEMPO | Tamarindo Francisco Chacón G.Colaborador para El Financiero Mucho ha cambiado Tamarindo desde la primera vez que lo visité hace unos treinta y pico de años, cuando el Diriá era tan solo un palenque y unas cuantas cabinas. Hoy ese pionero se encuentra plenamente consolidado y acompañado de una gran cantidad de hoteles grandes y pequeños, hostales, condominios, terrenos para acampar, casas de todo tamaño y residencias de primera. Cualquiera que haya visitado sus playas recientemente puede atestiguar de los avances que la localidad ha experimentado para atender una clientela turística que cada año llega en mayores cantidades y que la renovación del aeropuerto de Liberia impulsará aún más. Es claro que la actividad económica de la zona y los puestos de trabajo que allí se generan giran en torno al turismo, atraído por sus bellezas naturales, el relajante ambiente que allí se respira y las múltiples atracciones que se ofrecen. En este proceso ha jugado un papel esencial la iniciativa privada de nacionales y extranjeros: desde un Capitán Suizo que impresiona por su sencillez, calidad de su personal, y responsabilidad social con que se administra, hasta las decenas de locales comerciales, restaurantes, tours, y muchos otros servicios que son prestados regularmente por pequeños empresarios de diversas nacionalidades. Tamarindo es hoy otro gracias al esfuerzo y empeño de muchos individuos que han sabido aprovechar las oportunidades que brinda un país en donde prevalece la libertad de empresa y cada quien tiene la opción de dedicarse a desarrollar la actividad que más le convenga, en el tanto no dañen la moral, el orden público o a terceros. Pero debe tenerse cuidado que un crecimiento desordenado termine afectando el desarrollo futuro de la zona. Traigo a colación este tema porque empiezan a sentirse algunos síntomas que, de no atenderse oportunamente, pueden llegar a convertirse en problemas de difícil solución. Uno de ellos tiene relación con la salud pública y la conservación del ambiente: el acelerado crecimiento del turismo y de la actividad comercial ha tomado desprevenida a la localidad y, al menos en la temporada alta, se hace evidente la necesidad de contar con un sistema adecuado de alcantarillado y tratamiento de aguas negras, al punto de que algunos vecinos se quejan del grado de contaminación del agua en ciertos sectores por los desechos fecales tanto humanos como ecuestres que terminan en el mar. El problema no es generalizado ni está fuera de control pero ya es hora de que las autoridades públicas inviertan recursos en su atención y que la comunidad se organice y colabore para encontrar una respuesta antes de que sea demasiado tarde o costoso. En ese cometido sector público y sector privado tienen una responsabilidad compartida que nadie puede darse el lujo de obviar por mucho tiempo más. |
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