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Con un mayor desarrollo humano


Nidia Burgos

En el 2003 la esperanza de vida para las mujeres es de 80,6 años y la de los hombres de 76,2 años.

Los últimos 10 años se muestran como una etapa importante para el país, donde se logró ampliar las capacidades de sus habitantes en lo que a desarrollo humano se refiere.

Esto significa que se dieron mejoras en aspectos como el acceso al conocimiento, pues se incrementaron las coberturas en educación preescolar y secundaria; a una vida saludable, porque aumentó la esperanza de vida y se redujo la tasa de mortalidad infantil, y a una situación más digna, al mejorarse las condiciones habitacionales.

Además:

  • La longevidad de los ticos
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  • Principales características de los ocupados 1990 - 2003
  • A pesar de estos beneficios reportados, en la última década no hubo una conexión inmediata entre la expansión de estas capacidades del desarrollo humano de los costarricenses y el logro de una mayor equidad.

    En este mismo periodo crecieron las desigualdades de ingreso entre los grupos sociales, aumentaron las diferencias en el acceso a la educación y al empleo.

    En general, muchos de los progresos reportados en estos últimos años son más bien resultado de una recuperación de las capacidades pérdidas en la década de los años 80.

    Nuevo perfil

    En los 13 años que van de 1990 al 2003, la población de Costa Rica mostró tres cambios importantes.

    El primero de ellos es que el número de habitantes se incrementó en más de un millón de personas, al pasar de 3.050.556 a 4.169.730, además de que se hizo más urbana, pues este segmento pasó de ser el 50% en 1984 a un 59% en el 2000.

    Otra variación que se destaca, es que la población se volvió más diversa, debido a una mayor inmigración proveniente, principalmente, de Nicaragua, aunque también los hay colombianos, panameños, estadounidenses y salvadoreños.

    En este sentido, entre 1984 y el 2000, la importancia relativa de los extranjeros en el total de la población pasó de un 3,7% a un 7,8%.

    Los nicaragüenses destacan en ese incremento, pues pasaron de ser de 1,9% al 5,9%, en el 2000, respecto al censo anterior.

    Un tercer aspecto es que se aumentó la esperanza de vida, bajó la mortalidad infantil y se alcanzó la tasa de fecundidad de reemplazo, la cual es de 2,1 hijos por mujer, que es el mínimo necesario para que la población se renueve a sí misma en ausencia de migración.

    En el 2003 la esperanza de vida para las mujeres es de 80,6 años, y la de los hombres de 76,2 años.

    Por otro lado, la mortalidad infantil ha disminuido desde 1990, cuando se pasó de 14,7 por cada mil nacidos vivos, a 10,1 en el 2003.

    Balance social

    Al realizar un balance social, en términos de equidad, de la salud, la educación, trabajo, vivienda e inversión social que brinda importantes resultados, se debe destacar una cobertura preocupante del seguro de salud por parte de la población económicamente activa (PEA) asalariada, ya que esta bajó de 75,3% en 1990 a 60,6% en el 2003.

    En cuanto a la población trabajadora independiente, la cobertura era muy inferior a lo estimado, pues alcanzaba solo un 37,8%, en tanto lo esperado es que fuera de un 75,3%.

    Referente al tema de pensiones, resulta sumamente preocupante la universalización de la cobertura y la sostenibilidad financiera.

    El sistema de pensiones está lejos de alcanzar niveles aceptables de cobertura, pues en el 2003 solo el 44% de la PEA estaba cubierta por el régimen de invalidez, vejez y muerte (IVM), lo cual representaba un 1,5% menos que en 1990.

    En el ámbito de las reformas institucionales del sector salud estacan tres cambios importantes: la puesta en marcha del modelo de atención primaria de los centros de atención de salud, conocidos como EBAIS, el crecimiento en la compra de servicios de salud a proveedores y el incremento en la prestación de servicios por parte del sector privado.

    Sobre educación, en la última década hubo una notable expansión en las coberturas, principalmente en preescolar y secundaria.

    Además, desde 1994 se da una importante disminución en el porcentaje de deserción interanual en secundaria, aunque no sostenido en todos los años.

    También se abren nuevos espacios y modalidades de educación regular, como telesecundaria, escuelas en zonas indígenas y programa de segunda lengua.

    Otro aspecto relevante es que crece la inversión pública en educación, especialmente hacia primaria y se aprueba una reforma constitucional para asignar el 6% del producto interno bruto (PIB) a esta actividad.

    En educación superior se refleja una acelerada expansión de la oferta privada, sin que esto implique mejoras en los controles sobre la calidad de esta enseñanza.

    Asimismo, para secundaria, se incrementa la construcción de colegios, pero persiste un déficit importante en infraestructura y se mantienen brechas importantes entre la educación privada y la pública.

    Más desempleados

    En términos del mercado de trabajo, la población en edad de trabajar aumentó y la tasa de desempleo se mantuvo relativamente baja; sin embargo, el número de desempleados se duplicó entre 1994 y el 2003. El perfil de las personas ocupadas en el 2003 muestra que estos son en su mayoría hombres, un 64,9%, y residen en zonas urbanas, principalmente en la región central del país.

    Un 65% son asalariados, un 51,7% se ubica en el sector formal no agropecuario, un 33,6% en el informal no agropecuario y solo un 14,6% en el agropecuario. Del total de ocupados, solo un 35,7% tienen secundaria completa o más.

    El desempleo afecta en el 2003 al 6,7% de la fuerza laboral del país y en términos absolutos el número de desempleados pasó de 54.866 a 117.191 entre 1994 y 2l 2003.

    En vivienda se logró contener el déficit habitacional, pero no se avanzó en mejorar la calidad de las soluciones habitaciones.

    Hubo una activa política pública para la compra o construcción de casa nueva en sectores de bajo ingreso y se dio una fuerte ampliación del financiamiento privado.

    De acuerdo con una perspectiva de largo plazo, la recuperación de la accesibilidad habitacional no consiguió sin embargo recuperar el nivel de la capacidad de compra que tenían los hogares en los años previos a la crisis de la década de los años 80.

    Para lo hogares de menos ingresos el Estado compensó esta caída mediante el bono familiar de vivienda.

    La inversión social, por otra parte, crece en promedio, en términos reales, un 2,9% entre 1990 y el 2003, pero en forma insuficiente para compensar el crecimiento de la población, lo que hace que en términos reales per cápita en el 2003 fue un 16% menor que 23 años atrás.


    La longevidad de los ticos

    En el mundo, ningún país con estadísticas confiables supera la esperanza de vida de los hombres costarricenses a edades avanzadas como los 80 ó 90 años.

    Para el período 2000-2003, la esperanza de vida de los varones costarricenses a la edad 80 es de 8,4 años. Sus inmediatos seguidores son Islandia y Japón, con 7,7 años.

    Las adultas mayores costarricenses, con una esperanza de vida 9,5 años a la edad 80, están en mejor situación absoluta que los hombres, pero no ocupan el primer lugar en comparación con otros países y son superadas por unos pocos, como Japón (10,1 años) y Francia (9,8 años).

    Además, en Costa Rica, la brecha entre los sexos es muchísimo menor que en otras naciones. Esto lo confirma el dato censal de que entre los centenarios costarricenses hay 1,4 mujeres por cada hombre, mientras en otros países esta razón suele ser de 5 ó 6 a 1.

    La única población en la que se ha documentado un comportamiento semejante al de los ancianos costarricenses es la de la isla de Cerdeña, en Italia.

    Otros datos:

    n Un hombre educado de más de 60 años que reside en la GAM puede esperar vivir ocho años menos que uno sin educación secundaria y residente fuera de la GAM.

    n La esperanza de vida, la educación o la urbanización no parecen explicar la longevidad de los costarricenses a estas edades (a diferencia de lo que sucede en la infancia), sino todo lo contrario. Es posible que tampoco esté ligada a factores ambientales, a un estilo de vida o a determinados hábitos alimentarios.


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