| Archivo | Indicadores | Domingo 17 de octubre, 2004 | Escríbanos |
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Alexander Skutch: vida de alto vuelo Alexia Vargas De Mendiola José David Guevara Muñoz En sus 99 años, este científico abordó temas tan diversos como la botánica y la cosmología ¡Piiiink, pity casiiiic! Un cusingo (tucancillo piquianaranjado) reclama, con su voz aguda y metálica, por la ausencia de Alexander Skutch en un bosque de Quizarrá en Pérez Zeledón. El ave echa de menos a este peculiar especimen humano, un gringo que en sus casi 100 años de vida echó raíces en las ramas de la ornitología, la botánica, el naturalismo, la filosofía y el humanismo. Para este pájaro, al igual que los soterrés, los martines pescadores y muchas especies más, Skutch –quien falleció el pasado 13 de mayo– se había convertido en un compañero inquieto, un aliado de su forma de vida y un espía de sus hábitos. De la pasión de don Alexander por la ornitología, el cusingo fue testigo de primera línea, ya que de él estudió desde sus antojos alimenticios hasta sus intimidades conyugales. Igual situación vivieron muchos otros pájaros estudiados por este “gringo viejo”, de quienes los costarricenses podrán aprender más a través de una exposición de fotografías de aves que “anidará” en el Museo Nacional el 14 de octubre por un mes, organizada por esta institución y el Centro Científico Tropical. Precursor Tal era la naturalidad de don Alexander en ese hábitat que uno de los vecinos del cusingo, un hormiguero bicolor al que el científico llamó Jimmy, se convirtió en compañero de las expediciones que más tarde lo llevaron a reunir sus estudios en libros hasta entonces inéditos en Costa Rica. El cusingo, adicto a los frutos y los insectos, fue testigo también de la amistad que Skutch cultivó con la vegetación; precisamente su primera vocación fue la botánica. Y es que dicha relación lo llevó incluso a evitar la corta de chontas, bejucos y arbustos en las 78 hectáreas de su finca Los Cusingos, de la cual compró sus primeras 53 hectáreas en 1941 por ¢5.000. El estudio y recolección de plantas financiaba la investigación de las aves que realizaba este egresado de la universidad John Hopkins, en Washington D.C. Además, dichas investigaciones le sirvieron para comprender mejor a los pájaros. Mas tal era su destreza que también descubrió varios especímenes o profundizó el estudio de otros como el aguacatillo. Otro bosque En muchas otras ocasiones el cusingo observó también a don Alexander sumergido en su bosque de libros, en busca de respuestas para sus interrogantes de alto vuelo sobre la función del hombre en la Tierra y cómo este puede vivir en armonía con todo su entorno analizando los ejemplos de la naturaleza. Además, lo inquietaban temas como el origen de la ética, los fundamentos de la moral, la cosmovisión, la relatividad del bien y el mal, el propósito de las religiones y la existencia de Dios. Sobre estos asuntos, que siempre revoloteaban en su mente, también publicó libros y artículos. El estudio de todas estas ramas se realizó con la sencillez que siempre caracterizó a este originario de Baltimore. De hecho, algo que siempre llamó la atención del cusingo es que Skutch vivía casi como él: apenas con lo necesario para subsistir. Prueba de ello es que no fue sino hasta el epílogo de su existencia que don Alexander se resignó a tener electricidad y telefonía en su casa de paredes de bahareque. Cuando se sentía abrumado por las preocupaciones, no acudía a un sicólogo o consejero; le bastaba con sentarse sobre una piedra a escuchar las palabras del río Peñas Blancas, el cual atraviesa su finca. Así fue la vida de este apóstol de las aves... práctica, austera y organizada. Ahora el cusingo extraña a su amigo y teme que sus investigaciones y modo de vida pase inadvertido no solo por los habitantes de Pérez Zeledón, sino por los pobladores del país. Tal vez esta ave tenga razón... ¿cuántos ticos saben quién fue Alexander Skutch? Quizá por eso vuelve a reclamar: ¡Piiiink, pity casiiiic! |
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