| Archivo | Indicadores | Domingo 17 de octubre, 2004 | Escríbanos |
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Cargos públicos | Recomiendan más vigilancia en los puestos de confianza del Presidente Experiencia sí, pero bien controlada Édgar Delgado Montoya Sergio Morales Chavarría La línea que distingue y separa la experiencia en cargos públicos de alto mando y la intención de concentrar el poder es tenue, pues, por un lado, se apoya el desarrollo de una trayectoria, pero se objeta la repetición de nombramientos por ser considerada un mecanismo para perpetuar el control. Según analistas políticos consultados por El Financiero, el hecho de que una persona ocupe varias veces uno o varios cargos puede ser positivo porque desarrolla experiencia y especialización en la gestión pública. En el caso del poder legislativo hay quienes apoyan el seguimiento de una carrera parlamentaria. Sobre lo anterior el principal cuestionamiento es el control que debe existir sobre los funcionarios, especialmente para que se aplique un sistema eficaz de rendición de cuentas. En pocas manos En el recuento de los puestos de presidente, ministro, viceministro, presidentes ejecutivos y diputados que elaboró este semanario del 1° de mayo de 1986 hasta la fecha, se determinó que una de cada cuatro personas ha ocupado por lo menos en dos ocasiones alguna de esas plazas. Para el sociólogo Carlos Sojo, los resultados de este conteo reflejan la práctica y la actitud para la formación de grupos de interés dentro de los partidos políticos que controlan el acceso a los puestos. Según Sojo, esta práctica impide que surjan nuevos líderes, aún más si la política es considerada como un negocio donde se puede ganar dinero, condición que la haría una actividad destinada para unos pocos. Agregó que en el caso de la Asamblea Legislativa, este poder ha sido tomado por algunas personas como el “palacio de invierno” dónde se hace oposición mientras no se está en el Ejecutivo, y como una manera para mantenerse vigentes. Rodolfo Cerdas, politólogo, manifestó que existe una cúpula de orden político y administrativa que tiene la capacidad de mantenerse en el poder. Al respecto afirmó que la continuidad en los puestos tiene virtudes y defectos. Entre las primeras está la posibilidad de que los planes o decisiones claras y correctas tengan asegurada una continuidad en la ejecución. Sin embargo, dentro de las imperfecciones que se pueden presentar está la creación de mecanismos que faciliten la perpetuación de políticas equivocadas. También es una puerta para dar paso a prácticas indeseables, estilos de mando personales con vicios administrativos, alta concentración de decisiones o problemas de control sobre las funciones públicas. Cerdas señaló que el sistema presidencialista que rige en el país favorece más los aspectos negativos de los nombramientos en el Poder Ejecutivo, debido a que se crean vínculos y lealtades personales, que en ocasiones están por encima de los intereses de las instituciones. A pesar de estas apreciaciones, el politógolo aseveró que en algunos casos cuando existe un funcionario responsable y con el control correcto se puede llegar a una buena función. Citó como ejemplo el caso del Banco Central de Costa Rica, cuyas decisiones pueden ser apreciadas y percibidas por una buena parte de la población y tiene encima la mirada de las entidades calificadoras de la economía y de los organismos multilaterales. Experiencia y concentración El politólogo Jaime Delgado consideró que, por un lado, se debe aprovechar a quienes tienen una buena experiencia y buenos resultados que sustenten su labor, pues tampoco es positivo un cambio constante que transmita un mensaje de inestabilidad en las instituciones. Indicó que repetir en un puesto depende solamente de la decisión de las personas y no de un sistema de evaluación. Los ministros, viceministros y presidentes ejecutivos son puestos designados por el presidente de turno, estos dependen principalmente de la relación y el nivel de confianza que tengan las personas con el mandatario. Precisamente Cerdas mencionó que en los sistemas de gobierno parlamentarios la permanencia en un cargo por muchos años es vista de una manera positiva y donde se conforma una élite que está obligada a rendir cuentas y a pasar por varios controles. El director de la cátedra de Teoría del Estado de la Universidad de Costa Rica, Jaime Ordóñez, explicó que desde la perspectiva del derecho público la reiteración en ciertos cargos es positiva y que en algunos sistemas de gobierno europeos existe el desarrollo de carrera en la función pública y en la parlamentaria debido a la especialización que se obtiene. Aclaró que el problema de la corrupción o la mala administración pública no depende en que una persona repita en varias ocasiones un puesto, pues está más relacionada con la existencia de normas de control adecuadas para las diferentes decisiones que toma un funcionario. Alternancia en el poder El presidente del Movimiento Libertario, Otto Guevara, insistió en que la explicación al índice de repetición de funcionarios en las últimas cinco administraciones obedece a la alternancia que ha tenido el poder en manos de los dos partidos políticos mayoritarios. Según Guevara, el dominio de estas fuerzas políticas también ha impedido el relevo generacional en los altos mandos. Agregó que esta tendencia obedece a que quienes han llegado a la Presidencia se han rodeado de las personas que consideran más leales y que en ocasiones estas no son las idóneas para los puestos, pero prevalece el resguardo de la lealtad. “Las personas son nombradas a dedo para que le cubran las espaldas al presidente y sean fusibles para que se quemen antes de un cortocircuito en la administración”, dijo Guevara. Quien no descarta las ventajas que pude dar la experiencia es Ottón Solís, presidente del Partido Acción Ciudadana, quien consideró que la repetición en un puesto puede tener consecuencias positivas. Pero reprobó el comportamiento si es utilizado para conformar redes de personas que encubren entre ellas actos indebidos producto de sus funciones. Hasta el momento la principal preocupación es el control a quienes ocupan los altos mandos, pues hasta ahora lo que ha prevalecido es la designación por la confianza de quien ocupe la silla presidencial.
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