| Archivo | Indicadores | Domingo 17 de octubre, 2004 | Escríbanos |
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Entre paréntesis: ¡Qué ganas de joder! Randall Cordero Sandí Periodista
El poder debe ser una cosa dulce o una veta de oro, porque quien lo ejerce una vez parece no tener intenciones de soltarlo nunca. Ante la repetición de nombres añejos en las diputaciones, presidencias ejecutivas, juntas directivas y ministerios de nuestro país, una administración tras otra, cabe preguntarse por qué la necedad de nuestros funcionarios de seguir encaramados en el poder a como haya lugar. Y peor aun, una vez agotadas las funciones políticas en Costa Rica, ¿debemos también soportarnos el salto kilómetrico desde San José a Washington para ejercer un puesto de importancia continental? La crisis que atraviesa el país después del destape séptico de presuntos actos de corrupción de dos expresidentes, que involucran a otros exfuncionarios públicos y a empresarios, evidencia las argollas que dominan nuestra escena política, grupos de amigos que se apoyan por actividades ”correctas”, mientras el país completo se va de “bruces” o se lo come “el lobo”. Y estas argollas están bien identificadas. Son tan conocidas, que inversionistas extrajeros cuestionados también por corrupción las buscan para agradecerles favores recibidos (léase compra de equipos médicos y concesiones, entre otros), porque ellos saben repartirse bien los "premios" que se ganan. Y no hablo solo de dinero en efectivo, otros ingredientes del pastel que se aturugan estas argollas son los viajes al exterior e invitaciones a seminarios, pagos de consultorías y casas lujosas, entre otras formas de “gratitud”, que por lo visto pueden provocar amnesia en la mente de los corruptos, porque generalmente no recuerdan nada de esto y pueden dormir tranquilos, e incluso salir del país sin ánimo de culpa. Los tribunales también deben ser señores con grandes orejotas, porque todos estos políticos desean “ventilar” en sus salas lo que no se atreven a decirle a la prensa, callan ante las preguntas de los periodistas o ponen a sus abogados a responder (¡qué fácil!). Pero no digo que todos los políticos sean malos, o que ninguno deba repetir en la función pública. Lo malo, y lo que me tiene harto, es que estos que se aprovechan de la burocracia siguen ahí con su cara de angelitos, dispuestos a seguir con sus "actos correctos", o a pedir "premios", aunque los demás ticos nos vayamos, con todo y país, al barranco. Insisto, ¡qué ganas de joder! (A mis jefes: por favor mañana envíenme el trabajo a la casa, porque desde ahora la tomo por cárcel -para estar a la moda -. Muchas gracias). |
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