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Finanzas | Vistas del Banco Anglo tema fuerte en 1995

Polémica y altas tasas azotan a sistema financiero


Wilberth Quesada Céspedes

La agenda noticiosa del sistema financiero de inicios de 1995 estuvo acaparada por las vistas y las primeras declaraciones ante los estrados judiciales y ante una comisión investigadora en la Asamblea Legislativa, de los directores de junta directiva, el gerente y asesores de inversión (chilenos), del Banco Anglo Costarricense.

Y es que el tema era fresco, pues apenas el 14 de setiembre del año anterior, el gobierno de José María Figueres Olsen había dispuesto su cierre.

Pero la agenda financiera también la acompañaba la salida de Rafael Díaz de la Autoridad General de Entidades Financieras (hoy Sugef), quien tras su renuncia puso en el tapete de discusión la necesidad de socar clavijas a la supervisión y regulación de la banca offshore.

La coyuntura por la que atravesaba el sistema financiero era de altas tasas de interés, con una inflación récord (a enero del 95 había sido la más alta desde 1982), lo que ponía en estado de alerta al país ante la presunción de los economistas de entrar en una recesión.

Polémica y aprendizaje

El Anglo era el banco era más antiguo del país, desde el 13 de junio de 1994 había sido intervenido ante una recomendación del Banco Central. Carlos Hernán Robles Macaya era su gerente; él rompió su silencio en enero del 95 y dijo: “Quieren que sea chivo expiatorio”.

Figuran como principales razones para la intervención del Banco, la compra de las subsidiarias Almacén de Valores Comerciales (a través de ella se adquirió deuda externa venezolana), así como la autorización de sobregiros en cuenta corriente (¢4.737 millones a mayo del 94).

También, el estrepitoso crecimiento de la cartera morosa (entre enero del 93 y abril del 94 representaba el 13% de la cartera total) y los retiros masivos dados durante el proceso de intervención.

Casi tres años después del cierre del Anglo, Robles fue condenado a 4 años de prisión por peculado en relación con la compra de una pantalla electrónica y en el 2001 recibió su mayor condena por 25 años por la compra de bonos de deuda externa. Con él recibieron condena seis directivos más (por 15 años); hoy todos guardan prisión.

Se cuentan como lecciones del cierre del Anglo: la creación de un aparato de supervisión técnico e independiente, así como la aplicación de una batería de regulaciones con un enfoque preventivo.

Sin embargo, en la libreta del sector queda pendiente el verdadero y final paso hacia la supervisión consolidada de los grupos financieros, pues hoy los distintos órganos reguladores, no tienen control sobre las entidades de los grupos (supervisados) que no efectúan intermediación.

Inestabilidad

El cierre de 1994 observó un nivel de la tasa básica pasiva del 27,75% y con una evolución del tipo de cambio nominal del 9%. La inflación había alcanzado el 14,57%, mientras el Producto Interno Bruto (PIB), creció un 4,7%.

Ante esos resultados, 1995 despertó en medio una alzada de tasas de interés y un nivel de inflación galopante. Los bancos ajustaron al alza sus tasas en más de dos puntos porcentuales durante el primer trimestre de ese año.

El constante aumento de tasas hizo que expertos economistas auguraran en febrero de ese año el camino hacia la recesión. Sus augurios estaban íntimamente ligados al déficit fiscal que observa el país (superaba el 5% del PIB) y los niveles de deuda (el saldo de la bonificada del sector público alcanzaba más de ¢200.000 millones).

Ante ello se planteaban alternativas como los planes de ajuste tributario y justicia tributaria, así como se discutían planes de recorte de gastos del Gobierno Central por el orden de ¢32.000 millones, al amparo de un crédito por otorgar del Fondo Monetario Internacional (relacionado con el Programa de Ajuste Estructural).

Como resultado de las medidas adoptadas por las autoridades, las tasas se mantuvieron bastante altas en 1995 (la básica pasiva cerró en 28,5%), logrando una ligera disminución a partir de 1996.

La producción se vio fuertemente azotada, ya que en el 95 creció un 3,9%, muy por debajo del 4,7% del 94, pero muy por encima de 1996 (0,9%). Los niveles de tasas pasaron la factura a la inflación, que creció ese año un 21,4% y sobre el crédito, que apenas logró crecer poco más de ¢33.000 millones.

El país empezó un repunte hasta 1997, que se prolongó hasta 1999.


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