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Ventana Digital: Los jardines colgantes de Monteverde


Rodrigo Gámez
Director general, INBio

Cuando intentamos tomar algún objeto que está más allá del alcance de nuestras manos, por lo general nos apoyamos en una silla, una escalera, una grada o hasta en la espalda o los hombros de otra persona. Hay una frase famosa de Isaac Newton que dice que llegó muy alto porque se paró en hombros de gigantes.

El crecer encima de otro, sin causarse daño, es también una de las estrategias más comunes y exitosas que usan ciertas plantas en los bosques tropicales. Los botánicos las llaman “epífitas” pues se apoyan en otras para poder alcanzar luz, agua o polvo del aire y satisfacer así sus necesidades fisiológicas. No son parásitas, al contrario de los llamados “matapalos” que hacen honor a su nombre- pues no extraen agua o nutrientes de las plantas que constituyen simplemente su soporte.

Las orquídeas son quizás las epífitas más conocidas, pero están además las bromelias (las parientes silvestres de la piña), los helechos, los cactus y muchas otras especies. Lo interesante es que estas plantas arborícolas, al crecer en los troncos y ramas de los árboles que pueblan los bosques, forman verdaderos jardines colgantes que superan en belleza y complejidad a los históricamente famosos jardines de Babilonia.

Es asombroso como cada una de estas plantas forma por sí sola un pequeño hábitat o nicho, que se convierte a su vez en el hogar de otras especies de animales, que pueden ser insectos, ácaros, arañas, gusanos, lombrices o hasta culebras y otros mamíferos pequeños.

Algunas bromelias pueden almacenar entre sus hojas hasta un litro de agua, tornándose en verdaderas lagunas aéreas, cuyo estudio hizo famoso a Clodomiro Picado y ha ocupado a muchos otros científicos. En esas “lagunas” viven insectos acuáticos, muchos de ellos no encontrados en ningún otro sitio, libélulas, cabezones o renacuajos y ranas arbóreas, protozoarios y muchos otros organismos como aves que hallan en estos jardines un paraíso.

Y en ese paraíso, específicamente en los bosques nubosos de Monteverde, un grupo de biólogos encontró lo que consideran posiblemente el ecosistema arbóreo más complejo que se conozca en el mundo. Esos jardines colgantes de Monteverde son tan profusos y entremezclados que se asemejan ya a un bosque en miniatura. Inclusive especies de árboles que normalmente se hallan solo en el piso del bosque crecen normalmente en ese denso y complejo jardín aéreo.

Estas maravillas de la naturaleza que se encuentran en nuestro país deberían ser motivo de orgullo nacional, y su conocimiento parte de nuestra identidad y de nuestra cultura patria.


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