| Archivo | Indicadores | Domingo 12 de septiembre, 2004 | Escríbanos |
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¿Hacia adónde va el Gobierno? Con preocupación hemos visto el desenlace de los bloqueos realizados en días anteriores por algunos camioneros y grupos sindicales. Ante los actos ilegales de unos cuantos manifestantes con peticiones disímiles e incoherentes, la administración Pacheco y su imprudente Ministro de la Presidencia optaron por hacer concesiones innecesarias, provocando la renuncia del coordinador del gabinete económico y del Ministro de Hacienda y, como consecuencia, una innegable crisis en el sector mejor organizado de este Gobierno. Entendible hubiera sido que los negociadores oficiales se comprometieran a evaluar los criterios utilizados para realizar la revisión técnica en consonancia con la realidad costarricense. Pero aceptar un aumento de salarios en contra de la posición del despacho encargado de velar por las finanzas públicas en momentos en que se reclama un fuerte incremento en los impuestos evidencia una alarmante ineptitud política. Tal proceder pone en entredicho el compromiso del Gobierno con la disciplina fiscal y deslegitima los argumentos que hasta ahora se han esgrimido para justificar la tan traída reforma tributaria. Igual ineptitud y falta de realismo evidencia la larga lista de medidas económicas que se supone revisará la inusual comisión bipartita que se crea. Si ante las primeras escaramuzas de una frágil e inconsistente alianza el Gobierno se hinca de esta manera y permite que su equipo económico se desmorone, ¿qué podremos esperar cuando se discutan proyectos realmente importantes para el desarrollo futuro del país como lo serían el Cafta, la reforma en el mercado de telecomunicaciones, y el rompimiento del monopolio de los seguros, entre otros? Lo anterior hace que al presidente Pacheco no le sea fácil encontrar un sustituto de peso en la cartera de Hacienda, que garantice la estabilidad macroeconómica del país, dé confianza al sector empresarial y que evite que el resto del equipo económico, en particular el Presidente del Banco Central y el Ministro de Comercio Exterior, se vean igualmente obligados a renunciar ante la falta de apoyo que el máximo jerarca muestra cada vez que se enfrenta a situaciones difíciles. Una interpretación fría de los hechos acontecidos sugiere que, no obstante el discurso presidencial, el Gobierno ha perdido efectivamente el rumbo económico y ha decidido sumirse en un obtuso populismo y aceptar ser secuestrado por los grupos de presión que recurren a la violencia. Desearíamos estar totalmente equivocados y poder decir mañana que lo acontecido es solo un traspié más. Pero para ello no bastan las palabras. Sería necesario un cambio radical de parte del presidente Pacheco y la salida inmediata de Ricardo Toledo. La ciudadanía y los actores económicos no pueden resistir por mucho tiempo más la incertidumbre que generan sus alocadas decisiones y el daño que se le hace a la institucionalidad del país. Lo cierto es que Abel Pacheco no podrá evadir la responsabilidad histórica que le corresponde ni debemos permitirle que se esconda tras las bufonadas de su ministro predilecto. A Pacheco lo elegimos para liderar y conducir el país por la ruta del progreso y el desarrollo, pero si no es capaz de hacerlo, al menos debemos exigirle que cumpla con el deber de mantener la estabilidad que su equipo económico ha podido asegurar no obstante la demostrada torpeza política. Tal vez un nuevo y verdadero ministro de la Presidencia pueda devolver la sensatez en Zapote. |
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