| Archivo | Indicadores | Domingo 12 de septiembre, 2004 | Escríbanos |
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Cinco chilenos para una copa Leonardo León El chileno Alfonso Undurraga recomendó cinco vinos para el mercado costarricense Alfonso Undurraga, miembro de la quinta generación familiar productora de los afamados vinos chilenos Undurraga, ofreció el pasado 10 de agosto una degustación en Costa Rica. Fue en 1885 cuando su antecesor, Francisco Undurraga Vicuña, inició en Chile el cultivo de cepas originarias de la región de Burdeos, Francia. Actualmente, esta familia exporta a Europa el 60% de su producción. Sin embargo, hace ya varios años que tienen presencia en Centroamérica. Público joven Uno de los objetivos más importantes es llegar a los consumidores jóvenes a partir de vinos como el Carmenère, legendaria cepa francesa redescubierta recientemente en Chile y que se creía desaparecida hasta 1994. El sabor, balance y amabilidad de este vino, lo ha convertido en uno de los favoritos de la crítica, sobre todo porque Chile es el único país que lo produce exitosamente a nivel mundial. Ventajas de Chile El éxito de los vinos chilenos está fundamentado primordialmente en la ausencia de Filoxera, enfermedad que ataca principalmente variedades finas como el Cabernet Sauvignon o Carmenère entre otras. Esto obliga a un tratamiento de portainjerto que impide el contacto directo de las cepas con el suelo. Tal práctica no es necesaria en Chile y es la explicación de cultivos de alta calidad, que permiten traspasar directamente la riqueza de los terrenos y el clima a los vinos más reconocidos. Otro de los factores decisivos, es el cultivo en bajas concentraciones que permite mayor control y cuidado sobre las vides, lo que ha sido vital para enfrentar exitosamente problemas de orden climático tanto en las regiones del Maipo como Colchagua. Una cata en Costa Rica
La degustación ofrecida en nuestro país por Undurraga incluyó variedades tintas reservadas y un blanco Chardonnay de reserva 2003. Alfonso Undurraga nos fue guíando por un privilegiado universo de sabores y aromas que representan lo mejor de su casa. El inicio fue con un Chardonnay Reserva cosecha 2003 de Santa Ana, de un intenso amarillo dorado, un sabor con notas a frutas maduras y una mineralidad perturbadora. Aunque los costarricenses están más habituados al Sauvignon Blanc, este Chardonnay procedente del Maipo occidental fue una clara invitación para ampliar horizontes y probar el vino siguiente. Variedad para el gusto El primero de los tintos fue un Carmenère Reserva 2003 del valle de Colchagua, con un gran color, acidez amable y aromas maduros. Esta cosecha, supera en fuerza y balance la del 2002 y es una apuesta segura para quienes deseen aventurarse con un tinto joven y gustoso. Pasar al Merlot Reserva 2003, nos ofreció la posibilidad de percibir notables diferencias con el Carmenère. Notas aromáticas dulces, un sabor más especiado, con taninos recios y elegantes, hacen que nos preguntemos, cómo llegó a confundirse por más de un siglo con el Carmenère que es tan distinto en cuerpo, sabor y color. Los dos últimos vinos fueron un caso aparte. Primero por ser ambos Cabernet Sauvignon de primer nivel, lo que implica añejamiento, selección y tratamiento excepcional. La cosecha 2000 constituye un verdadero triunfo para el Founder’s Collection, que nos ofrece con generosidad una fruta negra madura, con taninos que envuelven el paladar, un tanto quemado por el alcohol, pero que se regocija en las especies y la fruta. El Valle del Maipo, debe sentirse orgulloso de este hijo, que consigue amalgamar fuerza, amabilidad y, por supuesto, elegancia. Describir lo que sucedió con el Altazor 2001, no solo es difícil, sino arriesgado. Primero porque su aroma denota un enorme carácter, pero al probarlo se percibe suavidad, sutileza, considerable elegancia y una jugosidad frutal que sorprende. Es la máxima expresión de un Cabernet chileno de Santa Ana, que va progresando año con año, a partir de los cuidados del enólogo francés Guy Guimberteau. Altazor es también una obra capital del poeta Vicente Huidobro. Llegar al final de una experiencia como esta, nos devuelve bruscamente a la realidad, pero nos ofrece al menos el consuelo, de llegar pacientemente a disfrutar los vinos 2004 que en términos de Alfonso Undurraga, serán los mejores que se han cosechado en muchos años. |
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