| Archivo | Indicadores | Domingo 12 de septiembre, 2004 | Escríbanos |
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Nuestro tiempo: Agitación creciente Constantino Urcuyo La reforma política no se puede postergar más, la participación ciudadana debe ser institucional y solo excepcionalmente debe darse en las calles; se trata de incluir no de vencer
Los acontecimientos de los últimos días han puesto de relieve la rapidez de los flujos de opinión y el dinamismo social. El episodio del BAC San José constituye un indicador de la crisis de confianza por la que atraviesa el país. La sociedad cambia rápidamente; a la urbanización y a la escolarización creciente se ha sumado la celeridad de los rápidos cambios en los sistemas informativos. El detonante de la crisis del BAC parece que fueron los mensajes de texto transmitidos por celulares. Lejos estamos de los labriegos dóciles, aislados entre montañas. Los cambios ponen a la sociedad en movimiento, surgen nuevos actores y el flujo social es impulsado por la lógica de la acción colectiva. Se entiende por movimiento social toda forma de acción grupal concertada en favor de una causa. Estas reivindicaciones pueden ser en favor de proyectos de sociedad alternativos (movimiento obrero), sectoriales (feminismos, ecologismos, regionalismos) y específicas (movilización contra el Combo ICE y Riteve). La explicación de la movilización es variada. La teoría de la frustración relativa postula que no es únicamente la miseria la que lleva a la protesta, sino también la brecha entre las condiciones de vida y las expectativas de las personas. La teoría de la elección racional ha vinculado esta explicación con la aplicación de la racionalidad individual al actuar colectivo. Otras teorías acuden a las relaciones personales, a la sociabilidad o a la emoción compartida como explicaciones de la acción colectiva. Los movimientos sociales pueden ser competitivos (por recursos), reactivos (defensa contra fuerzas sociales percibidas como ajenas) o activos (nuevos derechos). Su éxito está vinculado a la capacidad de lograr políticas públicas que incorporen las reivindicaciones solicitadas y depende también de factores como la apertura del sistema político o la capacidad de implementar políticas. Las teorías abundan, lo importante es aplicarlas a nuestro contexto. Costa Rica experimenta la aparición de movimientos sociales diversos y dinámicos que han trascendido el marco de reivindicaciones parciales, propias de grupos de presión y han llegado a formular demandas generales. Ignorar estas fuerzas en nombre de un proyecto de restauración del sistema de partidos sin contemplar la inclusión de nuevos actores en un sistema político ampliado es hacer las del avestruz. La reforma política no se puede postergar más, la participación ciudadana debe ser institucional y solo excepcionalmente debe darse en las calles; se trata de incluir no de vencer. Los incluidos deben asumir responsabilidades y abandonar la posición de francotiradores. Las cúpulas políticas deben entender que el país está en movimiento, no pueden continuar enceguecidas por la perspectiva de la próxima elección y la escaramuza legislativa. Los movimientos sociales tienen la responsabilidad de superar su actual fase reactiva-defensiva y formular propuestas positivas, comprometiéndose con la conservación de nuestros logros históricos. No hacer cambios significaría aventurarnos por los caminos de la represión absurda de las reivindicaciones o de la anarquía que siempre desemboca en el caos y en el autoritarismo. |
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