| Archivo | Indicadores | Domingo 12 de septiembre, 2004 | Escríbanos |
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Cayó inversión en investigación científica Carlos Cordero Pérez Gasto en ciencia y tecnología bajó del 0,39% del PIB en 1996 al 0,31% en el 2002 Tras que era escasa, la inversión en ciencia y tecnología cayó en los últimos años, distanciando a Costa Rica de otras naciones. En 1996, el gasto en investigación científica era del 0,39% del Producto Interno Bruto (PIB). Datos preliminares del Ministerio de Ciencia y Tecnología (Micit) señalan que en el 2002 este bajó al 0,31%.
Esto contrastó con la inauguración del Laboratorio Nacional de Nanotecnología, Microsensores y Materiales Avanzados (Lanotec) la semana anterior, con lo que concluyó el mes de la ciencia y la tecnología, celebrado en agosto. Sin embargo, la recuperación de la inversión científica no será fácil, tanto por la caída de la participación de la mayoría de las fuentes de financiamiento como por las fuertes diferencias sobre la forma de aumentarla. Mientras el Gobierno insiste en que realiza proyectos clave, que deberán continuar en las próximas administraciones, los científicos reiteran que tales acciones son insuficientes y que se necesita un plan estratégico. “El plan impulsaría la inversión en ciencia y tecnología”, aseguró Pedro León Azofeifa, director ejecutivo del Centro Nacional de Alta Tecnología (Cenat). Precisamente, Fernando Gutiérrez, ministro del ramo, admitió recientemente que la gran debilidad del país se encuentra en la escasa inversión científica. A medias La falta de recursos afecta incluso hasta al Lanotec. Este laboratorio se enfoca en la nanotecnología, la cual desarrolla objetos diminutos (a partir de los átomos y moléculas) para aplicaciones en campos muy variados, como la informática y la salud. Lanotec empezará con dos investigaciones: en microsensores y en nanotubos (pequeños cilindros). Pero faltan equipos. Mientras se consiguen los equipos, se tendrá que enviar las pruebas al Centro Espacial Goddard de la National Aeronautics and Space Administration (NASA), ubicado en Maryland, Estados Unidos, según Jeannette Benavides, científica costarricense y directora del proyecto de nanotubos. Pero no es el único caso. Alejandra Sánchez, encargada del Laboratorio de Robótica de la Escuela de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Costa Rica (UCR), dijo que en ese centro también faltan recursos para equipos, personal y materiales. Esto impide que muchas iniciativas trasciendan hacia la industria y más bien queden para fines didácticos, como sucedió con el caso de un brazo mecánico que coloca piezas en líneas de montaje en las fábricas. “Hemos hecho proyectos que se quedan en la etapa de simulación, pues no tenemos recursos”, dijo Sánchez. Según los datos preliminares del Micit, el gasto científico aumentó en términos absolutos (de ¢32 a ¢48 millones entre 1996 y el 2002). No obstante, en relación con el PIB eso significa poco, pues se observa una paulatina tendencia descendente (véase gráfico: “Gasto en ciencia y tecnología”). Además, el porcentaje de inversión del 0,31% del PIB de Costa Rica se ubica muy lejos de otras naciones como Estados Unidos, Canadá y España, de acuerdo con el índice de la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología. También lejos de Brasil, Chile, Argentina y México (véase recuadro: “En escala”). Aporte empresarial Si bien la mayor inversión todavía se ubica en las universidades, solo en el sector público se incrementó significativamente el aporte de recursos (véase gráfico: “Gasto por sector”). Por su parte, el sector empresarial disminuyó su participación. En 1996, la inversión de las empresas fue el 22% del gasto total; porción que bajó ocho años después a un 18%. Esto es un fuerte traspié, si se considera que el incremento de la inversión científica debería provenir de ese sector, en especial. De hecho, el sector privado aporta más del 45% en EE. UU., Canadá y España. En el caso de Costa Rica, Componentes Intel S.A. es una de las firmas que apoya esfuerzos de las universidades en la generación de aplicaciones y recursos humanos preparados. “Los proyectos se quedan en la simulación por falta de recursos”, dijo Alejandra Sánchez, de UCR. Por ejemplo, en la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la UCR, esa firma apoya la compra de equipos y capacitación de docentes para formar estudiantes en el diseño de circuitos integrados o chips, los dispositivos electrónicos colocados en las tarjetas de los equipos, los cuales transmiten la información. Uno de esos profesores es Lucky Lochi Yu. “Me concentré en el proyecto de microchips”, dijo Lochi Yu. “Si no fuera por Intel, el financiamiento sería nulo”. Pero eso implicó que él dejara de lado el desarrollo de un dispositivo de diagnóstico y medición de la presión que ejerce el peso de las personas en las plantas de los pies, lo cual provoca úlceras en pacientes de diabetes, artritis o lepra. “Para esto no hubo recursos”, afirmó Lochi Yu. Qué hacer Precisamente, la colaboración empresarial es una de las opciones que se explora en las universidades y en el Cenat, en este caso para equipar el Lanotec. No obstante, los científicos consideran que se debe buscar una solución de fondo al problema de la baja inversión en investigación en ciencia y tecnología a través de un plan estratégico del sector. Pero Fernando Gutiérrez, jerarca del Micit, piensa otra cosa. Según él, la acción de esta cartera se orienta a impulsar proyectos que perduren y no puedan ser revertidos por los próximos gobiernos. Ejemplos de tales acciones son los fondos concursables (por medio de los cuales se financian investigacines entre las universidades y empresas) y las ferias científicas en los centros educativos. El Ministro también enumeró el fondo por US$35 millones que se incluye en el crédito solicitado por el Gobierno ante el Banco Interaméricano de Desarrollo (BID), financiamiento para biotecnología solicitada a la Unión Europea (11 millones de euros) y un posible fondo para informática y telecomunicaciones. Insistentes Para los científicos, esas iniciativas son muy valiosas y necesarias, debido a la carencia de recursos y la escasa cultura en ciencia y tecnología que hay en el país. Pero no son la solución. Ellos insisten en que un plan estratégico definiría las ventajas comparativas del país, articularía a los científicos y los vincularía con los sectores productivos. Asimismo, definiría las estrategias para adaptarse al cambio. En esto coincidieron con Pedro León, del Cenat, José Alberto Araya Pochet, director del Centro de Investigación en Ciencia e Ingeniería de Materiales, dedicado a la nanotecnología, y Martha Valdez, coordinadora de la Comisión de Biotecnología de la UCR. “El plan nos permitirá ser competitivos”, recalcó Valdez.
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