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Entre paréntesis: Promesas


Edgar Delgado Montoya
Periodista

Llámenme ingenuo, pero hasta el lunes pasado creí que Costa Rica ya no era un país cuya gente vendía sus votos a cambio de promesas (regalos) que a todas luces, hoy, son casi imposible de cumplir.

El candidato presidencial del que hasta hace dos años era uno de los partidos políticos "grandes" del país, don Ricardo Toledo, parece que olvidó el remesón que vivió su partido y la clase política nacional el año pasado y volvió a la vieja práctica de ofrecer regalos por votos, algo que yo creía erradicado de nuestras campañas electorales.

Pensé que luego del desencanto político que está viviendo el país luego de la revelación de los casos de corrupción que mojaron a dos expresidentes en el 2004 y que tienen a este país con un abstencionismo electoral de casi el 40%, los candidatos presidenciales iban a basar sus campañas en temas de "altura"; entre ellos, precisamente, cómo recuperar la confianza del costarricense.

Luego pensé que un país tan educado como este cualquier persona que haya pasado por un aula sabrá que la promesa de don Ricardo de regalar una computadora a cada muchacho que se gradúe del colegio es fiscalmente imposible, por lo menos con las paupérrimas finanzas públicas que arrastramos.

Bien lo calculó el periódico Al Día el pasado 26 de julio: si cada año se gradúan 17.000 estudiantes de secundaria y una buena computadora hoy en día cuesta ¢190.000, la promesa de don Ricardo le costaría al país ¢3.230 millones al año, prácticamente el doble de lo que él mismo calculó el 25 de julio pasado cuando fue ratificado como candidato (¢1.700 millones).

¿De dónde saldrá la plata? Hasta donde tengo entendido este país no tiene dinero para reparar carreteras, mejorar la infraestructura educativa o dar bonos de vivienda, menos para regalar computadoras.

¿Sabe esto don Ricardo?

Si seguimos la tesis del Gobierno (del cual don Ricardo formó parte), solo con la reforma fiscal habrá más recursos para invertir en educación, salud e infraestructura. Pero, resulta ser que -según La Nación- este diputado se encuentra en la lista de los legisladores que aún no dan del todo el apoyo al plan de reforma fiscal. Pienso que la promesa de don Ricardo quizá fue una equivocación y que en este momento debe haber algún asesor ayudándole a revisar las cuentas y haciéndole ver que este país ya no se compra con regalos y promesas dignas de las campañas electorales del siglo pasado.

Solo espero no despertar el 9 de febrero del 2006 y darme cuenta de que el ingenuo siempre fui yo.


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