| Archivo | Indicadores | Lun 15 ago, 2005 - Dom 21 ago, 2005 | Escríbanos |
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Sócrates por contrato Rodolfo González Ulloa La alta gerencia está pagando jugosas sumas a coach personales que los someten a interrogatorios intensivos Gerentes magníficos, que no pueden administrar su tiempo familiar. Líderes que motivan a sus colaboradores, pero no saben cómo mejorar su calidad como padres y madres de familia. Directivos que tienen necesidad de replantearse el sentido de su vida, pero no quieren comentárselo a nadie, o visitar al psicólogo. Otros que simplemente quieren eliminar kilos pero la ansiedad se los come, o tiene ideas brillantes que no logran organizar. Muchos de ellos están contratando coach personales que, en 18 o 24 sesiones, les ayudan a encontrar en sí mismos las respuestas, y comprometerse en planes de acción de corto plazo para obtener resultados. Mayéutica efectiva Así de sencillo y práctico, este servicio cuesta entre US$120 y US$150 por sesión, pero la alta gerencia parece dispuesta a pagarlo. Una suma nada despreciable para estimar el valor de las preguntas como servicio, y rescatar el método socrático de la mayéutica para potenciar el liderazgo en las empresas y en la vida personal. Y es que el coach no es un consultor que hace diangósticos y ofrece posibles soluciones a problemas. Su tarea consiste en cuestionar al jefe, convertirse en su espejo, en su alter ego, alguien que escucha ideas, dudas y propósitos, reta a buscar formas para lograrlos y cuestiona despiadadamente al jefe. Es, sin duda, la antítesis del adulador laboral. De la cancha al escritorio Fue a principios de los años 80 que John Whitmore, inglés con buena capacidad de observación, se empezó a preguntar por las actitudes y acciones que diferenciaban a los deportistas más exitosos del resto. Se centró en sus hábitos personales. Aplicó la experiencia en empresas y desarrolló la metodología del coaching. Según Ana Cardona, en su artículo ¿Coaching, qué es y cómo se hace?, publicado en area RH.com, el objetivo del coaching no es cambiar la personalidad del directivo, ni su vida personal, afectiva, aunque esto suela venir como consecuencia secundaria, sino hacerle funcionar mejor como ejecutivo. "No es formación, tampoco es consultoría. Los formadores suelen dirigirse más hacia la transmisión de conocimiento, y los consultores aparecen como profesionales con respuestas. El coach no se posiciona como experto, ayuda al que sabe a sacar a flote las respuestas", señala Cardona e insiste en que no hay que confundirlo tampoco con una terapia. Cambio personal Sin embargo, Francisco Villalta, uno de los dos únicos coach centroamericanos miembro de la Federación Internacional de Coaching, y que labora en Fundes, señaló que su trabajo contempla la vida completa del cliente, pues las personas son una unidad y los problemas personales no resueltos termina por afectar el desempeño profesional. En esa línea, Villalta coincide con planteamientos de psicólogos, como John Gray, para quien el éxito en la empresa no solo se alcanza con trabajo arduo, sino también mejorando la empatía y la capacidad de generar confianza. "Cuando la confianza y las muestras afectivas mejoran en el hogar, se optimizan las relaciones laborales", señala Gray. Algunos autores latinoamericanos del tema, como Leonardo Wolk, hablan de "soplar las brazas", encender el interés por los propósitos, por reencontrarse con los momentos cumbres de la vida, más llenas de sentido y propósitos. Villalta, a su vez, define el proceso de coaching como una metodología para ayudar a los ejecutivos a ser coherentes, es decir, lograr la armonía entre lo que dicen, piensan y hacen. Nuevo paradigma El coach parte de un nuevo modelo de liderazgo, que rechaza la definición de este como un carisma innato para ordenar o motivar hacia un objetivo. Más bien consideran el liderazgo como un reconocimiento o juicio sobre acciones ejecutadas por una persona que logran con efectividad dirigir los esfuerzos grupales a la consecusión de metas comunes. Este concepto implica que una persona puede cumplir una función de líder, en un momento dado, pero ser seguidor en otra ocasión. En otras palabras, el liderazgo puede desarrollarse, aunque implica no sólo un conocimiento racional, sino un entrenamiento vital, emocional, que es la materia prima del coaching. Se lleva al grupo Si bien el coaching personal fue el primero que se desarrolló, la experiencia pasó a grupos empresariales, centrado en temas como la gestión del tiempo, entrenamiento para solucionar conflictos laborales, identificación de baches para la eficacia. El coaching ejecutivo, a su vez, se centra en la vida laboral del individuo, pero hace hincapié en desarrollo interpersonal, creación de equipos de alto rendimiento y desarrollo profesional, entre otras. En los 20 años que tiene el concepto, ha desempolvado el valor de las preguntas para desencadenar los procesos de cambio, enfocar metas y devolver el entusiasmo empresarial.
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