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Ilustración Artville

Más grande la carrera que el ejecutivo


Roberto Rodríguez B.
Para El Financiero

El éxito gerencial consiste en potenciar nuestras fortalezas

Amenudo nos encontramos con personas de quienes esperábamos más, cuyas carreras pensábamos que serían brillantes, pero después de unos pocos años vemos como la realidad contrasta con las expectativas. Esperábamos una carrera exitosa, pero parece que la persona se quedó corta.

Carlos era uno de ellos. Una brillante carrera universitaria que culminó con la obtención de su MBA con honores. Sabíamos que en pocos años sería el gerente de alguna reconocida empresa.

Comenzó a trabajar precisamente en una compañía de la categoría que todos esperábamos, pero conforme desempeñaba su labor como ejecutivo junior, sus compañeros y jefes fueron viendo como Carlos olvidaba fácilmente sus asignaciones, nunca sabía dónde dejaba su lapicero, llegaba a una oficina y dejaba los documentos olvidados.

Además, no se mantenía en su escritorio trabajando por más de 30 minutos, se levantaba mucho a conversar con los demás, lo que provocaba frecuentes interrupciones.

A menudo se le veía trasnochado porque dejaba para última hora el reporte que tenía que presentar al día siguiente.

Por más que apuntaba en su agenda, ni siquiera la volvía a ver cuando adquiría un compromiso, lo cual lo metía en apuros más de una vez.

En las reuniones pasaba vergüenzas porque parecía que no leía bien, ya que saltaba impulsivamente a decir algo que era todo lo contrario de lo que aparecía en el texto, sin contar que a menudo interrumpía y no dejaba terminar de hablar a los demás.

A pesar de ser muy inteligente y con un futuro promisorio, razón por la cual muchas de esas cosas se las perdonaban, decidió cambiar de empresa, alegando que ya no le llenaba.

Llegó a otra empresa donde creó una gran expectativa, sin embargo, antes del año presentó el mismo patrón de conducta anterior. Al poco tiempo, cambió de trabajo, en el que estuvo solo tres meses, pues su patrón de conducta afloró de nuevo.

Sin tomar conciencia de la verdadera razón de su fracaso -es más- sin interpretarlo como un fracaso, Carlos se empleó en una firma regional con sede en el país, puesto que logró gracias a una recomendación.

Todo parecía ir bien, hasta que se le ocurrió dejar sus estudios de farmacia y comenzar la carrera de derecho. Tal parece que la misma dispersión e inconstancia en el desempeño de sus funciones, la mostraba en su motivación vocacional.

Dejando las cosas tiradas, un día decidió no volver al trabajo más, pues tenía planes de ponerse un negocio propio y con eso pagar sus estudios para ser abogado, cosa que desistió de hacer cuando un día su segunda esposa le pidió el divorcio.

Lo que pocos conocían de Carlos era que en los años de escuela y colegio había presentado las mismas conductas: inconstancia, olvidos frecuentes, y dificultad para completar los trabajos.

Sin duda, lo que nadie conocía -ni siquiera Carlos- era que él tenía una condición neuropsicológica que se llama déficit atencional, la cual, más que una enfermedad, es una diferencia en el desarrollo neurológico de la persona -como ser zurdo o derecho- y afecta su conducta de tres maneras: puede ser desconcentrada, impulsiva e hiperactiva.

Ese desarrollo neuropsicológico consiste en una alteración en algunos neurotransmisores, que son sustancias que facilitan la transmisión de impulsos de un sitio a otro de nuestro cerebro. Este desarrollo es una condición hereditaria.

Pero no todas las cosas parecieran ser tan negativas para Carlos y muchos otros como él, porque mediante el entrenamiento, puede poner en práctica las funciones ejecutivas que inhiben muchas de las conductas de impulsividad y de inestabilidad.

Además, se puede modificar el manejo del tiempo y del espacio -el entorno físico de la persona-, aprendiendo a ser más ordenados y menos olvidadizos.

Aún más, la asistencia a grupos de apoyo provee el soporte emocional para combatir los efectos negativos en la autoestima y en la confianza en sí mismos.

Déficit atencional

El déficit atencional es una diferencia en el desarrollo neurológico de la persona y afecta su conducta de tres formas:

Ser desconcentrado.

Ser hiperactivo.

Ser impulsivo.

Fuente: El autor.


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