| Archivo | Indicadores | Lun 15 ago, 2005 - Dom 21 ago, 2005 | Escríbanos |
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La oficina comercial de China en Costa Rica... Walter Coto Molina Abogado y exdiputado del PLN Recién iniciado el actual Gobierno, cuando crecía el desempleo en las fincas bananeras de la zona Atlántica, me acerqué como un simple ciudadano, primero al presidente de la República, quien me recibió amablemente, para proponerle en beneficio del país, que abriera una oficina comercial con China Continental en Costa Rica con el propósito de oficializar el intercambio comercial entre ambas naciones y abrir el país al mercado más grande del mundo. Le sugerí que China podría ser un importante comprador de esa fruta. Don Abel llevó luego la propuesta al Consejo de Gobierno, y la información que obtuve posteriormente, fue que los ministros de Gobierno que al inicio representaban al "rodriguismo", se manifestaron absolutamente en contra de esa apertura. Luego visité al canciller Roberto Tovar, quien me expuso sin razones de peso, su rotunda negativa a la apertura de una oficina comercial. Después me enteré de los posibles intereses que mediaron para que las autoridades de Gobierno que tanto hablan de apertura comercial, la usen solo para una parte del mundo y no para la otra. En fin, muchos intereses y hechos diversos relacionados con Taiwán hemos conocido los costarricenses en los últimos años, y probablemente en ellos esté el nudo gordiano que ha impedido cambiar una política mantenida por los dos partidos tradicionales desde hace muchos años. Un gigante China, con una superficie territorial de 9,6 millones de Km2, con 4,7 millones de km2 de extensión marítima, con más de 5.000 ríos que tienen una longitud de 220.000 km, con una población de 1.300.000.000 de habitantes --que representa cerca de una cuarta parte de la población mundial--, con más de un 32% de población urbana, con 55 minorías étnicas que tienen su propio idioma, con una de las economías de mayor crecimiento sostenido en el planeta, con un intercambio comercial impresionante en el mundo globalizado, es, sin duda, un país con el cual deberíamos tener no solo relaciones diplomáticas, sino también comerciales. Es inexplicable entonces que la dirigencia política nacional -salvo algunas excepciones- que promueve tanto la apertura comercial, que firma tratados por aquí y por allá, que estimula la inserción de Costa Rica en el mundo globalizado, no se atreva de una vez por todas, a fijar una posición clara y contundente de oficializar el comercio internacional con China. Es incluso odioso que los empresarios chinos no puedan venir a Costa Rica porque a menudo se les niega la visa, o que los empresarios costarricenses que compran o venden en China tengan tantas dificultades para hacer sus transacciones y negociaciones. Se necesitan estadistas Es frente a estas situaciones donde Costa Rica requiere de gobernantes que sean estadistas, y que tengan luces largas. Don Pepe por ejemplo, abrió relaciones con la difunta Unión Soviética cuando sectores amplios del país se oponían, y abolió el ejército cuando en el planeta eso parecía inconcebible después de la Segunda Guerra Mundial. Ahora resulta que las mismas gentes que hablan tanto de apertura comercial y ponen su acelerador para que Costa Rica forme parte de la mundialización de la economía, esos mismos meten el freno hasta lo profundo cuando se trata de abrir una oficina comercial con China en Costa Rica y, más aún cuando se trata de abrir relaciones diplomáticas. Ese cambio de política es una decisión soberana, particularmente creo que es conveniente y además inevitable. Las condiciones mundiales de la economía y el proceso de intercambio comercial que nuestros empresarios han empezado a generar con China, las misiones comerciales que están visitando ese país, muestran que la realidad desbordará los intereses de cierta clase política que se mantienen atados a una política comercial oficial excluyente en el Asia, la cual ya no se sostiene por incongruente y por inconveniente para los intereses nacionales. En Costa Rica tenemos casos donde hay tratados comerciales que bajo la bandera del libre comercio imponen una política institucional y un proyecto de país. Hay otros casos donde bajo la bandera de la cooperación se impone una política comercial. Ni una ni otra cosa. Costa Rica debe tener la suficiente madurez para comerciar libremente con todo el mundo, sin entregar el diseño de su propio destino como país, porque esa arquitectura es una definición que en realidad nos debe pertenecer a nosotros como pueblo. Ya es hora de que en Costa Rica cambiemos de política comercial con China. |
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