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1. De la ineficiencia estatal a la revitalización del sector público.
El perfil del Estado costarricense del siglo XXI debería incluir una reivindicación del carácter planificador, mecanismos para velar por la eficiencia de los servicios que ofrece y una revisión de los controles.
2. Del crecimiento desordenado a la planificación urbana.
Repensar las ciudades es un tema de consenso. Pero hace falta mayor coordinación institucional, voluntad política y que la empresa privada participe en la reconstrucción de centros urbanos.
3. De la economía del músculo a la economía del conocimiento.
El reto de pasar a una economía basada en el conocimiento depende de una profunda reforma educativa y de contar con una infraestructura que aproveche las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).
4. De la polarización social a la prosperidad compartida.
Para lograr la prosperidad, el país debe desatar tres nudos: el diálogo social, el desequilibrio fiscal e impulsar una reforma del Estado que permita una gestión más local de las instituciones.
5. Del estancamiento económico al desarrollo acelerado.
No hay una sola receta para lograr el desarrollo. Sin embargo, es necesario buscar acuerdos políticos en temas puntuales para fomentar el crecimiento económico, entre ellas, la simplificación de trámites, la inversión en infraestructura y el carga tributaria.
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