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China: ¿Oportunidad o desafío?


Jorge Woodbridge
Empresario

En los últimos 25 años, China ha tenido el mayor crecimiento global, a un ritmo de 9,1% anual, situándose como una de las principales economías.

Sus reformas económicas, en 1978, convierten a su industria en el motor de esa expansión, con un incremento del 12% anual, multiplicando siete veces el ingreso per cápita. En el 2001, su ingreso a la Organización Mundial de Comercio (OMC) tuvo un efecto devastador para la competencia en los sectores de maquila de confección, equipos electrónicos, calzado, bicicletas, juguetes, y otros productos.

Hoy por hoy, China es el mayor productor del mundo y absorbe gran parte de la Inversión Extranjera Directa (IED), alrededor de US$60.000 millones anuales y desde 1995 genera una cuarta parte de todo el crecimiento mundial, superando incluso a Estados Unidos. La abundancia de mano de obra es una gran ventaja para atraer inversiones, su fuerza laboral es de 894 millones y el salario promedio en el 2004 era de US$134 mensuales.

Aciertos de la apertura

La apertura comercial de China es de un 50% de su PIB, además, ocupa el puesto 32 en el Índice de Competitividad. Abrió sus fronteras al tiempo que redujo aranceles, para exportar más de US$600.000 millones. Otro de sus grandes aciertos es la inversión en infraestructura, que representa más del 4% de su PIB. Tiene más de 200 puertos y varios de ellos se califican entre los diez más grandes y eficientes del mundo.

En el campo tecnológico se prevé que en el 2010 todas las viviendas tendrán acceso a multimedia de banda ancha. Además, el flujo masivo de IED en sectores de alta tecnología le permiten ser el proveedor número uno en DVD, cámaras digitales, computadoras personales, celulares y televisores.

Estos logros son el resultado de estrategias de innovación e inversión. El gasto en investigación y desarrollo excede el 1% del PIB, cabe señalar que el 60% de los gastos en inversión y desarrollo son realizados por empresas privadas.

No puede quedar al margen de estos logros el hecho de que China tiene una tasa de ahorro de un 30% y de inversión de un 27%, lo que le ha permitido desarrollar su economía de manera acelerada.

Desaciertos y debilidades

No obstante el alto crecimiento, las diferencias de desarrollo entre el campo y las ciudades aumentan, con graves desequilibrios sociales. Alimentar a una quinta parte de la población mundial con apenas el 7% de la tierra cultivable no es tarea fácil, sobre todo si esa tierra se ha estado reduciendo a un ritmo de un millón de hectáreas al año. Situación que se complica con la migración planificada de casi 400 millones de personas a las ciudades en los próximos 25 años, lo que implica nuevas obras de infraestructura en una escala verdaderamente masiva.

Si bien el meteórico desarrollo de la economía china ha tenido buenos resultados, aún se presentan escollos en cuanto a la división de la propiedad pública y privada, ya que todas las propiedades son del Estado y el valor de derechos de uso es determinado por decisiones administrativas, lo que da paso a pagos ilegales y corrupción. El gobierno, a pesar de su esfuerzo por privatizar la economía, controla más del 40% de la producción industrial, con 100 empresas estatales en sectores económicos claves. Muchas de estas empresas responden más a los objetivos y estrategias políticas del Partido Comunista, que al mercado.

En otro orden, el sistema financiero ha estado al servicio de las empresas del Estado y constituye el talón de Aquiles de la economía, pues las deudas superan el 12% del crédito. A pesar de que este país busca la liberación financiera, es un paso riesgoso por falta de una estructura institucional adecuada.

En educación, el país asiático invierte y duplica los años de escolaridad en solo 10 años, pero tiene problemas para mejorar los niveles bajos por falta de incentivos económicos, ya que ha concentrado el gasto público en apoyar el esfuerzo tecnológico.

Otro factor negativo es el costo ambiental que está pagando China para lograr el bienestar de un país industrializado, que lo coloca en el segundo mayor emisor de dióxido de carbono y podría superar a Estados Unidos como la mayor fuente de gases invernadero en tres décadas.

Gran oportunidad

China seguirá siendo la locomotora del mercado mundial, con un mercado interno creciente y fuerte, abundante fuerza de trabajo, buena infraestructura y gran habilidad para innovar; y con debilidades como las señaladas que deben corregirse para mantener su crecimiento a largo plazo.

De ello se puede colegir que, para una economía como la costarricense, es imprescindible visualizar a China como una gran oportunidad para exportar una serie de productos agrícolas y pecuarios, en lo que somos altamente competitivos.

Con ventajas claras que mantenemos, ante un país que está enfrentando una acelerada migración del campo a la ciudad, con lo que no solo se reducen las áreas de cultivo sino que escasea la mano de obra agrícola.

También debemos aprovechar las alternativas que ofrece esa nueva potencia y buscar alianzas estratégicas para atraer inversiones chinas, y exportar a Estados Unidos dentro del marco del Cafta (tratado de libre comercio).

Con el Cafta estaremos protegidos por un tratamiento arancelario de privilegio ante China, para una serie de productos textiles especializados; en los que Costa Rica tiene ventajas competitivas y posesionamiento en ese mercado.

Visualizando la alta producción de China, los bajos precios y la alta productividad en muchos productos manufacturados; debemos reorientar nuestra producción industrial y concentrarnos en productos en los que mantengamos importantes ventajas competitivas.

En resumen, la apertura comercial llegó para quedarse, la competencia es inevitable. El país debe invertir en educación, porque el conocimiento es la llave de la innovación, pero también debe diversificar sus socios comerciales y fomentar la producción de productos con base en nuestras fortalezas en un mundo globalizado.

Tenemos que firmar el Cafta con Estados Unidos, para lograr competir en ese mercado tan importante y evitar que China nos desplace a corto plazo. Dediquémonos a exportar a China los productos agropecuarios; busquemos alianzas estratégicas con industriales chinos; exploremos el firmar un TLC con China al igual que Chile y México, y por último no nos quedemos con las manos cruzadas, ya que China es y será la locomotora de la economía mundial.


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