| Archivo | Indicadores | Lun 19 dic, 2005 - Dom 25 dic, 2005 | Escríbanos |
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Tributos | Estrategia de posponer votación de plan pretende minimizar costo político Plan fiscal ha variado poco, pero mantiene creciente presión política Mario Bermúdez Vives Solo un 2,5% de las mociones presentadas por los diputados se han aprobado en el Plenario El plan fiscal ha tenido que enfrentar mutaciones en lo político para no perecer en la Asamblea Legislativa, pero mantiene su esencia en cifras y en su estructura. Esto puede ser clave para sostener la iniciativa prioritaria del Gobierno, que enfrentará una creciente presión política. En esta presión influye la cercanía de las elecciones, los cálculos del costo político, la posibilidad de una estrecha cantidad de votos en su favor y, por supuesto, el calendario que resta a la Asamblea Legislativa. El pronóstico es reservado para el plan, que ha requerido de malabares políticos para mantener el aliento en cuatro años... y podría requerir de una última cabriola para seguir adelante. Mucho ruido, poco cambio Según los cálculos del Ministerio de Hacienda, las variaciones introducidas por los diputados -desde que el plan recibió la vía rápida en junio pasado- apenas reducen los ingresos esperados en un 6% (véase recuadro: "La metamorfosis..."). Esto contrasta las impresiones de algunos sectores como la Unión de Cámaras, según cuya visión, la negociación política requerida para impulsar la reforma la distorsionó. Otro es el criterio de la Cámara de Industrias, la cual considera que pese a los cambios, la reforma mantiene el espíritu. Con esta segunda visión coincide el abogado tributario Adrián Torrealba, quien destacó que solo se aprobaron 30 de las 1.200 mociones presentadas originalmente. "Genera confusión la gran cantidad de mociones, pero debe recordarse que muchas eran para retrasar el debate. De las aprobadas, la mayoría se concentra en puntos políticos, como exoneraciones de bajo impacto recaudatorio", dijo Torrealba (véase recuadro: "Cambios en el plan"). Es una opinión similar a la del ministro de Hacienda, David Fuentes. "Se habla de que es un plan muy manoseado, pero la verdad es que no. Se mantiene su esencia", expresó. Incluso rivales declarados del plan, como el diputado libertario Federico Malavassi, consideran que los cambios no son de peso. "Mejora un poquitín, no hay cambios fundamentales", dijo, pero enfatizó que para los libertarios "desde el principio es un adefesio". Presión en aumento Sin embargo, la carrera para tratar de votar el proyecto luce complicada. Restan unas 250 mociones y cinco sesiones del plenario para acabar con las mociones (al cierre de edición, el 15 de noviembre), lo cual obligaba a aumentar el promedio (50 por sesión, en lugar del ritmo de 20 a 30) y sortear las rupturas de quórum. Además se debe discutir el proyecto por el fondo -cada diputado dispone de media hora para opinar- y es probable que se consigan diez firmas de legisladores para enviarlo a consulta a la Sala IV. Esta situación hace que el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) haya renunciado a votar el proyecto en este año. Además, el Partido Liberación Nacional (PLN), que también anhela el proyecto, podría desear que se deje para después de las elecciones. Hay una razón táctica en esto: diputados que podrían estar recelosos de apoyar el proyecto, por su alto costo político, podrían sentirse "liberados" luego de las elecciones. A esto se agrega la coyuntura electoral. No pasa inadvertido que en las encuestas, quien sube es el Movimiento Libertario, que convirtió la lucha contra el plan en estandarte. Por ello existe preocupación en el PUSC y el PLN sobre el efecto que podría tener una votación del plan en plena campaña. Incluso el Partido Acción Ciudadana (PAC) dudaba. "Varios compañeros de la fracción anunciaron que no lo votarán. El resto hará una valoración integral del proyecto y tomará una decisión, cuando se tenga que dar", dijo la jefa de la bancada, Marta Zamora. Apuesta delicada La decisión de dejar la reforma para después de las elecciones no garantiza nada. El resultado electoral puede allanar el recelo de quienes piensan en el costo político, pero puede enfriar a algunos defensores. Además, algunos legisladores esperan que la "ventana" entre las elecciones y el traspaso de poder sirva para discutir proyectos propios. Eso sin contar con la posibilidad de que la "ventana" deba incluir el tratado de libre comercio entre Estados Unidos, República Dominicana y Centroamérica (Cafta, por sus siglas en inglés), y la agenda complementaria. Adicionalmente, el cambio de poder está a la vista. Una nueva asamblea también podría implicar el deseo de replantear el proyecto antes de votarlo, e incluso de presentar una propuesta propia. Una nueva composición podría entonces obligar a otra metamorfosis más de la reforma fiscal.
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