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Zona Franca: Lección del 2004: no más diosecillos


José David Guevara Muñoz
Jefe de Redacción

La recta final del presente año es propicia para reflexionar en una lección que sin lugar a dudas nos deja el 2004 y que podemos resumir con una paráfrasis del primero de los Diez Mandamientos: No tendrás otros diosecillos (...) No te inclinarás ante ellos ni les rendirás culto.

¿A cuáles diosecillos me refiero? A todas aquellas personas que, por la labor que desempeñan, el cargo que ocupan o la imagen o popularidad que gozan, no solo se endiosan, sino que procuran ser adorados por una congregación de serviles, vividores o -esto es lo más triste- gente honrada y bien intencionada, pero carente de malicia o espíritu crítico.

Todos fuimos testigos en el 2004 de la manera en que varios de estos diosecillos no solo se tambalearon en sus altares, sino que se desplomaron.

Así le ocurrió a los ángeles -tanto a los de la esfera política, como a uno de la religiosa, que en materia de abusos sexuales a un menor dijo algo así como casi miro, pero no miré; confieso que este juego de palabras no es mío, se lo copié a Ana Istarú-; a un tipo con aires de faraón y que terminó como un rey sin corona, a un expresidente que hizo las de José y María cuando enfrentaron problemas: mantenerse alejado de su país de origen, aunque él no escogió Egipto (bueno, al menos por ahora), y a una filóloga que va-al-verde: el dólar.

También a un lobo con piel de oveja, a un empresario y un compinche político que velaron más por la salud de sus finanzas que por la del pueblo, a una empresa que dotó al país de una amplia cobertura -aunque de malos hábitos-, al presidente de una corporación que nos ha hecho irnos de bruces con sus declaraciones, y a un religioso que con su manía nos acompañaba de noche y de día.

En fin, un menú bastante variado de diosecillos cuyas recientes experiencias deben motivarnos a meditar sobre la imperiosa necesidad de terminar en nuestro país con el mal hábito de tener diosecillos, sea cual sea la esfera, ante los cuales inclinarnos y rendirles culto. Ojalá esta dura, pero oportuna, lección del 2004 no haya sido en vano.


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