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Nuestro tiempo: ¿Cómo explicar tanto horror? Jorge Arturo Chaves
Los resultados del Informe sobre la Tortura en Chile, que acaba de publicarse, quiebran los límites de la imaginación de cualquier persona normal y destrozan los sentimientos humanos más profundos. Recoge testimonios de 27.255 víctimas que padecieron torturas durante los 17 años de la dictadura de Pinochet y documenta la aplicación de las técnicas más siniestras, las prácticas más crueles, humillantes y perversas contra los detenidos como adversarios del régimen. El propio presidente Lagos, al recibir el Informe ha formulado preguntas devastadoras para la conciencia: "¿Cómo se puede explicar tanto horror?" "¿Cómo pudimos vivir 30 años en silencio?" Uno de los miembros de la investigación ha añadido: "Es tan brutal que no se puede dimensionar". Este informe es, en realidad, el tercer gran paso realizado por Chile en la búsqueda de la verdad sobre el terror de la dictadura. Lo antecedió la Comisión Verdad y Reconciliación, creada por el Presidente Aylwin que estableció en gran medida la información sobre quienes murieron como consecuencia de la violencia política, y certificó el drama de los detenidos desaparecidos. El segundo paso fue la Mesa de Diálogo, instalada por el presidente Frei, con la participación de las Fuerzas Armadas y otras instituciones, para tomar conciencia sobre la magnitud de la tragedia y favorecer el reencuentro nacional. De todo este esfuerzo se derivan diversas lecciones. Vale la pena subrayar algunas para motivar la reflexión y generar actitudes preventivas, incluso en un país como Costa Rica. La primera es que tal parece que no hay país inmune a caer en una distorsión tan aterradora de la conducta humana, como lo es la tortura. No lo fue Chile, a pesar de su bien cimentada tradición democrática y educativa. De manera incomprensible esta nación desarrolló una política de Estado que la colocó al lado de los gobiernos militares de El Salvador, Guatemala y Argentina, así como del gobierno civil de Perú de Fuyimori, en el irrespeto sistemático a los derechos humanos, empezando con el de la vida. No han sido tampoco inmunes los Estados Unidos de América. Los nombres de Abu Graib y Guantánamo son apenas llamadas de atención que se dan hoy mismo a la comunidad internacional, sobre la ambivalente capacidad que tiene una gran potencia militar y económica, para construir o destruir los mejores valores de la humanidad. Otra lección importante se refiere al papel clave que desempeña el reconocimiento de la verdad para poder alcanzar la reconciliación y para impedir que se repita la tragedia. "Para nunca más vivirlo, nunca más negarlo", dice el presidente Lagos en el prólogo del Informe. Es una fuerte advertencia no solo para superar el silencio ante tan terribles abusos -no importa en qué escala se produzcan- sino para apelar a los medios de comunicación, las instituciones educativas, religiosas y otros mecanismos sociales para que no colaboren de ninguna manera en la legitimación de lo ilegitimable. El uso del nombre de Dios para justificar estas atrocidades es una blasfemia. Como es también una irónica infamia el hacerlo en nombre de la defensa de la democracia y la libertad. |
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