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Ciencia | Leyes que traen desaliento a la investigación y su gestión deberán ser revisadas Plan científico nacional: clave del progreso Rodrigo Zeledón Exministro de Ciencia y Tecnología
Inversión deberá elevarse En materia de ciencia y tecnología, el país tiene dos opciones claras en los próximos años. Continuar al ritmo de hoy, con las consecuencias de dependencia y empobrecimiento crecientes; o tomar la decisión política de adherirse al club de los países productores de tecnología moderna como instrumento de desarrollo. Esta es una decisión que tendrán que tomar los próximos gobernantes después de analizar las circunstancias coyunturales y geopolíticas existentes. Es evidente que el conocimiento que nace en los laboratorios es el mejor combustible para mover el motor del progreso, y que la ciencia y la tecnología se han convertido en elementos estratégicos de cualquier modelo de desarrollo. Las nuevas industrias, basadas en la ciencia, han conducido a los países que las tienen, a grandes progresos materiales y sociales, induciendo procesos económicos dinámicos y cambiantes que permiten que se hable de las industrias del futuro que aún no han sido inventadas. Son estos países, que invierten sumas considerables en la producción del nuevo conocimiento, los que han desarrollado mayores ventajas competitivas, gracias a un contingente importante de investigación científica autóctona, lo que origina su supremacía en el mundo moderno. Costa Rica ha hecho algún progreso en el campo de la investigación científica especialmente en los últimos 20 años. Sin embargo, este ha sido insuficiente y ha obedecido a circunstancias coyunturales y no a una política científica definida y sostenible. Podemos asegurar que hasta ahora hemos mostrado una total incapacidad de dar el salto que requerimos hacia el futuro. Las decisiones de los gobiernos en general han sido débiles, oscilantes e incoherentes, caracterizadas por medidas cortoplacistas, contingentes y sin continuidad. Podríamos decir que son varios los factores que han conspirado en contra del desarrollo científico, y hasta el momento no se observan señales que garanticen que este desarrollo de tipo endógeno será alcanzado en los próximos años. Las transformaciones necesarias para alcanzar un cambio cualitativo, no solo requieren entereza y decisiones políticas firmes sino también la concertación de las fuerzas vivas en un plan maestro nacional que defina y prohíja las variaciones estructurales. Todas aquellas leyes que traen desaliento a la investigación científica y su gestión deberán ser revisadas a fondo. Nuestro sistema educativo reclama reformas sustanciales de manera integral. La inversión en investigación y desarrollo tendrá que elevarse gradualmente. Las industrias costarricenses de base tecnológica deberán hacer uso del conocimiento científico como insumo de producción. La política industrial, estrechamente ligada a la política tecnológica, debe facilitar la relación del sector académico con el industrial. El ámbito de la información y de las telecomunicaciones debe ser sometido a ajustes para garantizar que tendremos servicios similares a los de los países más avanzados. Una mención especial merece el contingente de talento humano. En los últimos años se ha hecho un esfuerzo por formar especialistas en varias disciplinas, aunque sin un plan previamente concebido. Esto nos permitiría establecer alianzas estratégicas con países amigos con miras a instalar centros de investigación que nutrirían a grandes industrias en campos especializados como telecomunicaciones, electrónica, biotecnología y nanotecnología. Un salto estructural que deje atrás el subdesarrollo, basado en el nuevo concepto científico y al mejor estilo de los tigres asiáticos, con las adaptaciones necesarias, nos colocaría en el nuevo tren del progreso, al lado de los principales protagonistas. |
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