| Archivo | Indicadores | Lun 27 dic, 2004 - Dom 2 ene, 2005 | Escríbanos |
|
|
Política | Urge reformar sistema disfuncional Democracia en Costa Rica: ¿hacia dónde ahora? Kevin Casas Politólogo Debemos negociar hoy, con quien sea, y alcanzar nuevos consensos sustantivos Predecir nunca ha sido el fuerte de las ciencias sociales. La historia es veleidosa y casi siempre desmiente a los profetas. Esto es aún más cierto en la Costa Rica actual. A la vista de lo que hemos vivido en los últimos meses, predecir la situación política del país en el año 2020 parece un acto de temeridad. Más aún, cuando esa tarea se emprende en medio de una crisis, un momento en el que, como lo definiera Gramsci, lo viejo aún no muere y lo nuevo aún no nace, corremos el riesgo de proyectar al futuro las desventuras de la coyuntura presente o, por el contrario, de convertir al porvenir en un espejo de nuestros sueños, tan ideal como irreal. Lo que podemos hacer es un inventario de lo que tenemos para recorrer los próximos 16 años, de lo que podríamos hacer para que ese trayecto sea menos traumático y de algunos escenarios probables. ¿Qué tenemos? La crisis actual ha desnudado las debilidades de nuestro sistema político y ha desatado algunas amenazas alarmantes. Aquellas incluyen la bajísima credibilidad y representatividad de los actores políticos, el serio entrabamiento de los mecanismos de decisión política, el raquítico estado de nuestros partidos y la falta de consenso sobre temas fundamentales para el desarrollo del país. El elenco de amenazas es aún más amplio: la consolidación de la apatía política como rasgo de nuestra democracia; la instalación de la corrupción como tema único de la agenda política; la atomización del sistema de partidos; la extrema debilidad del futuro gobierno, derivada tanto de la pérdida de legitimidad como de la fragmentación política; y, finalmente, el ascenso de opciones políticas populistas, acaso la más peligrosa de todas. Para hacer frente a semejante lista, por el momento tenemos en nuestro favor una situación económica al menos estable. Eso ayuda a limitar el nada discreto encanto de la demagogia, que siempre prolifera en las miasmas de las crisis económicas. Tenemos, además, una clara preferencia por las soluciones institucionales, resultado de una cultura política anti autoritaria y refractaria a los extremismos, de la evidencia de que algunas instituciones claves de la democracia -como el Poder Judicial- están haciendo su trabajo, y de que lo sucedido es percibido menos como un colapso de la democracia que como una oportunidad para su renovación. En efecto, la crisis nos ha traído una triple oportunidad: la de ser acaso el primer país de América Latina que crea mecanismos efectivos para combatir la corrupción administrativa y hace posible una cultura de transparencia y rendición de cuentas; la de reorganizar el sistema de partidos y, en general, reformar profundamente un sistema político que, a todas luces, ha devenido disfuncional. Pero estas oportunidades no son certezas, y dado que su aprovechamiento pasa por resolver algunas de las carencias antes citadas y capear los numerosos riesgos que nos acechan, no hay mucho espacio para el optimismo. Reforma política ¿Qué hacer? Podemos y debemos aprovechar las oportunidades que tenemos, en particular la de hacer una reforma política que mejore la representatividad del sistema político y la gobernabilidad. Para lo primero, es preciso fortalecer la responsabilidad de los electos frente a los electores y la rendición de cuentas de los actores políticos, así como institucionalizar la búsqueda de consensos entre sectores políticos y sociales, y abrir nuevas avenidas de participación política, sobre todo a nivel local. Para lograr lo segundo, es vital hacer posible la toma de decisiones por parte de las instituciones políticas, agilizar las relaciones entre poderes, fortalecer a los partidos y al sistema de partidos, crear válvulas de escape ante crisis políticas e independizar algunas políticas públicas de los vaivenes político-electorales. Algunas opciones de reforma son las siguientes: * Ajustar el régimen presidencial, reforzando el poder del Ejecutivo en algunas áreas críticas (por ejemplo, que no solo la Asamblea sino también el Ejecutivo pueda poner plazo a la votación de algunos proyectos). * Hacer comparecer mensualmente al Presidente ante la Asamblea para que sea interpelado (véase recuadro: "Otras reformas"). Tres escenarios Nada de esto resolverá por sí mismo la crisis presente. Así, se abren ante nosotros algunos escenarios, ninguno de ellos especialmente favorable: ? El primero de ellos, el más benigno, supone que la situación económica no se deteriora rápidamente, que no se opta en el futuro inmediato por opciones electorales demagógicas, y se hace en el futuro cercano una reforma política que haga más representativo y gobernable el sistema político. En ese caso, nos esperará un nuevo equilibrio estable, con un número reducido de partidos y una democracia razonablemente funcional. Tras algunos sobresaltos y algunos años perdidos, podremos volver a la primera división. ? El segundo escenario, más deteriorado, es similar al anterior, excepto que no se realiza ninguna reforma política digna de tal nombre. En ese caso, aun en presencia de una situación económica estable y un gobierno sensato, lo que tendremos es un equilibrio inestable, caracterizado por una gran fragmentación partidaria y gobiernos muy débiles. Este escenario constituye una especie de continuación de la situación actual. Este escenario es el más probable. ? El tercero es el de la catástrofe, derivada de un deterioro acelerado de la situación económica, de la elección de un demagogo y de la ausencia de una reforma política. En ese caso, nos esperará un futuro de populismo, conflicto de poderes, violencia social y, posiblemente, un colapso democrático, no muy distinto al sufrido por Venezuela o Perú en el pasado reciente. Reflexión final Como en la canción de Serrat, estamos jugando con cosas que no tienen repuesto. Debemos estar conscientes de las amenazas. Urge aprovechar las oportunidades, sobre todo la de reformar un sistema político disfuncional. Y para ello nos toca abandonar prejuicios, poses y reglas establecidas. Si Costa Rica quiere llegar al 2020 con una democracia funcional, debemos negociar hoy, con quien sea y alcanzar nuevos consensos procedimentales y sustantivos. No soy optimista, pero tampoco fatalista. Al 2020 podemos llegar jugando en primera, con la modestia de un club pequeño, pero en orden y en libertad. O podemos llegar jugando un fútbol artesanal y combativo en medio de una noche oscura en la que todos perderemos. Vayamos decidiendo.
|
Servicios
Horario de vuelos internacionales de San José, Costa Rica De nuestros anunciantes
Alianza Hoteles Hampton Inn y restaurantes, para su comodidad |
|
|
| ¿Quiénes Somos? | Condiciones de Uso | Privacidad | Anúnciese en la versión impresa de El Financiero y Capital Financiero |
|
© 2005 El Financiero y Capital Financiero. El contenido de El Financiero y de Capital Financiero no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de El Financiero o de Capital Financiero. |