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Estado de la Nación: Visión de una década


ECONOMÍA

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En esta sección:

Política | Desaparece visión de largo plazo en administración pública

Planificación se hunde


Mario Bermúdez Vives

Mideplan con apenas 0,08% de presupuesto del Gobierno Central

La planificación, actividad clave para cimentar el desarrollo de un país, se hunde en Costa Rica justo en momentos en que más se necesita.

La conclusión se perfiló en el décimo informe del Estado de la Nación (véase recuadro: "Severo examen"), tras diseccionar el ajetreo del Estado durante la pasada década.

La asignación del gasto público refuerza esta visión. Del 2002 al 2004, el presupuesto del Ministerio de Planificación (Mideplan) representó apenas el 0,07% del plan de gastos del Gobierno Central, lejos del 1% del Ministerio de Hacienda.

Para el 2005, se proyectó un 0,08% para Mideplan. Esto a pesar de que el Gobierno indicó que rescataría la planificación y que la ejecución presupuestaria se derivaría de los planes de desarrollo nacional.

Contra la corriente

El ministro de Planificación, Jorge Polinaris, indicó en octubre del 2004 que Mideplan apenas estaba en labor de recuperación, a pesar del recorte presupuestario y las dificultades de personal (solo diez funcionarios para evaluar todo el sector público).

Se le llamó para analizar la situación actual de Mideplan, pero al cierre de edición no había respondido.

Sin embargo, una consulta con exministros de Planificación arrojó grandes consensos sobre el debilitamiento de la planificación en el país.

Todos coinciden en ubicar el inicio del desgate de Mideplan en la década de los ochenta. "El golpe más fuerte fue la crisis de 1979, porque eso puso al Gobierno frente a una emergencia de corto plazo, el centro del Gobierno pasó al ministerio de Hacienda y al Banco Central y se descuidó la visión de largo plazo", comentó Leonardo Garnier.

El exministro también destacó la pérdida de peso político, expresado en un ministerio que funcionó como recargo y casi desmantelado.

Esta visión es compartida por Juan Manuel Villasuso, quien enfatizó que los planes de desarrollo representaban un ejercicio importante, aunque no vinculante. "Servía de orientación a Gobierno e instituciones, aunque Mideplan no tenía instrumentos para concretarlos".

Villasuso considera que el fenómeno se aceleró en los últimos gobiernos, al imperar un criterio fiscalista en la asignación de los recursos públicos. "Hacienda no debería asignar los recursos, que deben tener un objetivo de desarrollo", opinó.

Danilo Chaverri consideró que se requieren de ajustes para recuperar el vigor de Mideplan. "No parece lógico que el ministerio que recoge los recursos los asigne, por lo general tiene una visión económica, y eso debe equilibrarse. Es necesario que Mideplan asuma el liderazgo, en la mejora de la administración pública", afirmó.

Hacia futuro

La ley de presupuesto públicos desempolvó el vínculo entre los presupuestos y el plan de desarrollo -a cargo de Mideplan-, pero se debe ir más allá.

"La ley queda en letra muerta si no le dan recursos, sanciones y prioridad política", opinó Villasuso.

También hubo coincidencia en que se trata de un tema de decisión política: en esto Chaverri destacó la conveniencia de continuar en el rescate de la regionalización.

Pero más que una decisión de conveniencia, Garnier destacó que la actual coyuntura (definiciones como el tratado de libre comercio con los Estados Unidos y el plan fiscal) hacen urgente escoger un camino con una visión de largo plazo.

Severo examen

En el informe del Estado de la Nación se hace una dura evaluación de la planificación.

Debilitamiento.El desmantelamiento del Mideplan sugiere que el Estado renuncia a su labor de planificar el desarrollo.

Inercia. El crecimiento de la producción ha sido volátil y errático... las políticas públicas se dirigen a sectores dinámicos (comercio y sector financiero), mientras las políticas dirigidas a sectores tradicionales se reducen o abandonan.

Desorden. El desarrollo de una nueva institucionalidad no fue correspondido por una reforma de la vieja institucionalidad.

Fragmentación. La economía luce fragmentada y sin encadenamientos. Esa impresión también se presenta al considerar una administración pública en la que aumentan las entidades y se debilita la capacidad del Estado para coordinar acciones.

Desbalance. Hay una reforma parcial y desbalanceada, porque crecen los controles y obligaciones del Estado, pero no su capacidad de actuar ni sus recursos disponibles.

Fuente: Décimo Informe del Estado de la Nación.


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