| Archivo | Indicadores | Lun 7 feb, 2005 - Dom 13 feb, 2005 | Escríbanos |
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El Cafta y la seguridad alimentaria de Costa Rica Antonio Barrantes Hidalgo Profesor, Escuela de Administración de Empresas, Instituto Tecnológico ¿Es el tratado de libre comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (Cafta, por sus siglas en inglés) una amenaza o una tabla de salvación para Costa Rica? En un mundo globalizado, donde para fines comerciales las fronteras que delimitan los países fueron borradas de los mapas hace muchos años, responder a esta interrogante no viene al caso porque la respuesta es obvia. Por lo tanto, debatir hoy día si nos oponemos o favorecemos el Cafta con economías avanzadas, está por demás, ya que ignorar la realidad es hacer las del avestruz cuando arrecia la tormenta. Antes de perder el tiempo tratando de encontrar argumentos para oponerse o favorecer el "Cafta con los gringos", como dirían los sindicalistas de barricadas, debemos encontrar las soluciones a los problemas colaterales que implican esos tratados, o las reglas de la nueva economía. Lo anterior debido a que hoy día estamos negociando un acuerdo con los Estados Unidos, mañana otro con la Unión Europea y quizá en un futuro no tan lejano, negociemos otro con China. Entonces, llegará el momento en que la negociación de tratados de libre comercio sea cosa del pasado, y en su lugar el libre comercio sea una regla del comercio mundial. De ahí que tratar de encontrar el frío en la cobijas no viene al caso. Allí no es dónde está el problema. Lo que ocurrirá es que, al final, los costarricenses terminaremos globalizados comercialmente, y entonces entenderemos que perdimos tiempo valioso haciendo barricadas, cerrando carreteras y quemando banderas. En vez de perder el tiempo... Antes de perder este valioso tiempo, entendamos que los países desarrollados por principios estratégicos se aseguran sus alimentos básicos, previendo una posible escasez de estos, producto de una guerra o debido a fenómenos naturales adversos --que son cada día más frecuentes--. Estas naciones tienen definidas políticas de producción que contemplan subsidios a sus productores para que produzcan los alimentos que consumen sus ciudadanos. Es de sobra conocido que en una situación de crisis lo primero que escasea son los alimentos, y ocurra lo que ocurra la gente tiene que satisfacer las necesidades básicas de alimentación. Así, un aparato productivo de esta índole no puede desmantelarse; de lo contrario, en una situación de crisis no puede reactivarse la economía antes de que la población desaparezca por falta de alimento. Conocida la situación anterior y entendiendo que el mundo cambió y continuará cambiando, debemos definir claramente políticas nacionales que lleven a la creación de un aparato productivo que les garantice a nuestros ciudadanos la seguridad alimentaria que requieren. En la definición de estas políticas estratégicas considero que juegan un papel importantísimo las universidades estatales, ya que tienen la obligación de unir esfuerzos junto con las entidades gubernamentales y proponer a nuestro país un aparato productivo acorde con las necesidades actuales. Es decir, un aparato productivo que garantice la presencia de los productos básicos de alimentación de buena calidad y a precios competitivos, porque no se trata de ninguna manera que el pueblo compre a precios elevados, productos de baja calidad. La participación de la Universidad de Costa Rica (UCR), del Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR), la Universidad Nacional (UNA) y la Universidad Estatal a Distancia (UNED), despolitizaría la propuesta y aportaría conocimiento técnico abundante. Propuestas contaminadas Y es que sabemos que cuando este tipo de propuestas las hace el gobierno de turno en forma unilateral, por lo general vienen contaminadas de muchos intereses particulares que a la postre se convierten en parches que luego el pueblo paga con creces. Solo por mencionar algunos, recordemos Fodea, el Fondo de Contingencias Agrícolas y los certificados de abono tributario. Costa Rica tiene tierras fértiles para producir granos como arroz, frijoles, maíz, y otros productos que el pueblo necesita, y si se quiere, se podría exportar también. Solo hace falta un plan estratégico de seguridad alimentaría que contemple, entre otras cosas, cantidades por producir, zonas productoras, investigación y desarrollo, vías de comunicación adecuadas, precios que garanticen al productor vivir decentemente y planes de comercialización, aranceles, entre otros. No es posible que en Costa Rica los productores produzcan lo que creen que los va a beneficiar y al final terminen arruinados porque los precios no dan para cubrir los costos en que incurrieron. Resulta chocante que un pescador que arriesga su vida y que se quema la piel día a día, solo logre ¢350 por un kilogramo de corvina, cuando el consumidor final paga más de ¢3.000 por ese mismo kilogramo. No es posible que en muchas ocasiones un producto se lleve al Cenada y no lo compren por exceso de producción, y si lo hacen, lo pagan a precios de hambre. Una mentira sobre los productores Es mentira que el productor costarricense es ineficiente y poco inteligente, según dicen algunos. Los productores en Costa Rica han demostrado que a pesar de contar con un Estado ineficiente, el sector agropecuario ha sido de los más dinámicos en los últimos tiempos. Es decir, que a pesar del ancla que tienen amarrada, han sabido demostrar organización, eficiencia, inteligencia, dinámica, visión. Para concluir, debo decir que no es posible que se desmantele el aparato productivo, que el pueblo quede a expensas de los caprichos del mercado internacional globalizado y los productores arruinados, engrandeciendo así los anillos de miseria que ahogan al país. Las barricadas y marchas de protesta no solucionan las crisis presentes y venideras; con solo imitar la inteligencia, la terquedad, la agilidad y la visión del campesino costarricense, podremos salir adelante. Nosotros, los profesores universitarios, en conjunto con las universidades y el Gobierno, debemos diseñar y proponer planes de desarrollo realistas que hagan de Costa Rica un país verdaderamente independiente. Y es que solamente un pueblo que produce eficientemente sus alimentos, estará seguro de que las crisis que afectan los mercados no tengan repercusiones tan directas en sus ciudadanos. |
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