| Archivo | Indicadores | Lun 14 feb, 2005 - Dom 20 feb, 2005 | Escríbanos |
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Una propuesta para que la cultura avance sobre rieles Luis Diego Vargas Presidente del Consejo Nacional de Supervisión del Sistema Financiero (Conassif) Concluido un memorable Festival de las Artes en nuestra ruinosa capital, surge la esperanza de un espacio urbano con enorme potencial para mejorar la calidad de vida de sus pobladores. Los josefinos nos hemos acostumbrado a las ruinas, al desperdicio y la suciedad; la marginalidad reina y la imaginación brilla por su ausencia entre autoridades, empresas residentes y habitantes. El Festival fue una refrescante vacación que me permite hacer estas reflexiones. Si algún milagro nos permitiera volver a tener transporte ferroviario útil y moderno, las estaciones de tren al Pacífico y al Atlántico no deberían funcionar como tales en el centro de la ciudad. Las limitaciones de nuestras vías para el tránsito de vehículos y asuntos de seguridad lo hacen poco recomendable. Por razones de conectividad, podría ser recomendable mantener algunas vías ferroviarias, pero nuevos espacios en la periferia de la ciudad tendrían que ser considerados como áreas de operación y terminal ferroviaria. Los actuales espacios de ambas terminales deberían ser utilizados permanentemente para el desarrollo de la cultura y la recuperación del casco urbano. No estaría mal que el Ministerio de Cultura y la Municipalidad de San José se involucraran activamente en la tarea de apropiarse de esos "bienes", para que de verdad sean bienes y no recordatorio diario y doloroso de nuestra dispendiosa inoperancia. ¿Qué se requiere? Ese acto requiere: A) La decisión legislativa de permitir (ordenar) el traspaso de esos bienes públicos de Incofer al Ministerio de Cultura y la Municipalidad. B.) La misma ley tendría que permitir que el desarrollo y administración de esos grandes espacios pueda estar en manos privadas, bajo esquemas bien supervisados de concesión. Nuestras instituciones no tienen los recursos para ejecutar proyectos de gran envergadura, como los que marcarían un punto de inflexión en la historia de nuestra cultura y la capital. C) Ministerio y Municipalidad deberían tener claridad de objetivos. La Municipalidad, pasar del discurso hueco de la recuperación de San José a acciones concretas que mejoren la seguridad, ornato e infraestructura del casco metropolitano. El Ministerio, definir un plan de desarrollo cultural ambicioso y de largo plazo. D) La actuación rápida de las autoridades es necesaria para evitar que esos espacios se conviertan en contaminadas terminales de autobuses; para eso abundan los lotes baldíos en la periferia de la ciudad y la responsabilidad de los empresarios transportistas de generar esos espacios, construidos con ese propósito y sin necesidad de devastar el escaso patrimonio histórico y arquitectónico de la ciudad capital. Adquirir y desarrollar una majestuosa infraestructura cultural en la capital debe ser una acción acompañada de una política que promueva la excelencia y la calidad, la viabilidad económica y la participación de todos los estratos sociales. De lo contrario, esas superficies estarían tan solas y abandonadas como están desde que el tren dejó de funcionar. La cultura, el arte y la diversión caminan lento, sin recursos, sin gente y sin calidad. ¿Qué les parece esta idea? Para alguien que no es conocedor del quehacer cultural, es aventurado hacer una propuesta concreta, pero no me suena mal que la estación del sur se convierta en un Centro de Cultura Popular, para concentraciones masivas de variado propósito. La estación del Atlántico, cercana al centro de las bellas artes, debería integrarse al Cenac, la Aduana, la Biblioteca Nacional, y --a través de un corredor peatonal-- con la Universidad de Costa Rica y otros centros de estudio superior. El primero en manos de la Municipalidad y el segundo del MCJD. Así, de paso, tendríamos el incentivo de la competencia. Recordemos los beneficios de la pugna entre el gobierno local de los conservadores en París, encargado de las celebraciones del centenario de la Torre Eiffel, y el gobierno socialista de Mitterrand, encargado de las celebraciones del bicentenario de la revolución francesa. En su lucha por ofrecer la mejor celebración los habitantes de aquella ciudad y del mundo se beneficiaron enormemente. |
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