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Entre paréntesis: Rey Salomón


Wilberth Quesada C.
Periodista

Cuentan que el rey Salomón ante el conflicto que tenían dos mujeres respecto a un niño -las dos decían era suyo-, se decidió por partirlo a la mitad; dichosamente, la verdadera madre, llena de amor, prefirió renunciar a su hijo con tal de que esa decisión no se le diera muerte, lo que ayudó al monarca a darse cuenta de a quien correspondía el niño.

A don Abel Pacheco le pasó exactamente lo mismo, pero todo lo contrario. El jerarca decidió "salomónicamente" que el conflicto entre Federico Carrillo, ministro de Hacienda y, Federico Vargas, jefe de la fracción socialcristiana, relacionado con el presunto colchón que tiene el presupuesto del 2003 para atender el pago de intereses de los bonos de deuda, será dilucidado por el Banco Central.

Con ello, siguiendo la lógica de don Abel, ni les quedaba mal a los diputados, que desde la Comisión de Hacendarios primero y, luego desde el plenario, redireccionaron unos ¢70.000 millones y, la vez, no le hacía el "feo" al ministro Carrillo, que valientemente se plantó para que se respete el presupuesto que envió Hacienda (que dicho sea de paso ni siquiera fue él, pues ese presupuesto lo presentó el exministro Alberto Dent).

A diferencia del rey Salomón, al encargar al Central resolver la disputa, don Abel no consiguió distinguir quién llevaba la razón y más bien metió en un zapato a don Francisco de Paula Gutiérrez, a quien le sumó una preocupación adicional (lo convirtió en auditor), a la que ya de por sí debe tener tras la inflación observada en enero.

Además, a diferencia de su pensamiento de que evitó "zafarle la tabla" al ministro Carrillo, la verdad es que lo hizo verse muy mal y con ello le restó, ¿sin querer queriendo?, credibilidad y mando (justo al soldado de batalla del proyecto de reforma fiscal).

No satisfecho con ese paso en falso, don Abel ahora pretende pasarle la misma medicina a Gutiérrez. Y es que este, como jerarca del Central, sabe que cualquier recurso que se libere para emplearse como gasto corriente, bajo las condiciones de financiamiento del actual presupuesto (y los de hace muchos años), no significarían sino mayor presión al déficit del Gobierno. Eso irremediablemente conllevaría a posibles ajustes sobre las tasas de interés, a la vez, que produciría mayor presión sobre la inflación, justo "el talón de Aquiles" del Central.

Salomónico hubiera sido don Abel si respalda a Carrillo con su disciplina fiscal y le dice a Vargas y sus compañeros de bancada que primero aporten el cacao para hacer el chocolate que quieren.


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