| Archivo | Indicadores | Lun 21 feb, 2005 - Dom 27 feb, 2005 | Escríbanos |
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Entre paréntesis: Sexo con la luz encendida Randall Cordero Sandí Periodista
Tal vez desde la risa inocentona que me provocó una compañera en sexto grado al imitar el tamaño de los senos de la maestra de religión, con dos lápices nuevos metidos entre su pecho y el suéter, me di cuenta que no había razón por la que me avergonzara de los temas sexuales, ya fuera en mi casa o con mis amigos. Supongo que estuvo bien así, pero imagino que ese "descubrimiento" gracioso provenía de una curiosidad difícil de satisfacer cuando uno es niño, pero totalmente natural, como es saber sobre sexo. Ya en la escuela sabía que la posición conservadora de la Iglesia Católica y sus múltiples intentos por interferir en las conocidas "guías sexuales", no iban a resolver mis dudas en buena manera. Tampoco creo que mis preguntas del momento hayan sido muy distintas a las que actualmente tienen miles de niños y adolescentes en nuestro país sobre la sexualidad, que también viven el eterno pleito que se montan las autoridades religiosas en cada curso lectivo para revisar las dichosas guías, el cual parece no terminar. El sistema educativo, además, sigue abocado a preparar a los alumnos para que sean buenos hijos, buenos estudiantes, buenos novios, buenos esposos, buenos profesionales; o sea, buenos en clases, pero no en el recreo. Tanta bondad está bien, pero algo de malicia sería conveniente para enseñar, por ejemplo, a las niñas que el sexo no es una "prueba de amor", a los varones que llevar a una mujer a la cama no es un "premio a la insistencia", o a ambos géneros que la homosexualidad es una orientación tan válida como la heterosexualidad. No estoy seguro de que esta forma de enseñanza logre crear una sociedad mejor, pero quizá habría una adolescente embarazada menos porque supo rechazar un engaño. O un tipo que en lugar de ser patán con las mujeres las trata como se merecen y no como objetos sexuales. Quizá un grupo de amigos que disfrutan su sexualidad y hablan abiertamente de ello, se protegen entre sí y cuidan a sus parejas y a todas aquellas personas con quienes mantienen relaciones sexuales. Padres de familia que instruyen a sus hijos sobre sexualidad, no solo diciéndoles que el sexo lo hacen porque "se quieren mucho", sino además porque los seres humanos son sexuales por naturaleza. E iglesias, no solo la Católica, diciéndole a sus feligreses que la sexualidad fue hecha para disfrutarla sin perversiones, pero llevándola a cabo. |
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