| Archivo | Indicadores | Lun 21 feb, 2005 - Dom 27 feb, 2005 | Escríbanos |
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Ventana digital: Traigamos el bosque a la ciudad Rodrigo Gámez Director general, INBio
Costa Rica, al igual que muchos otros países en el mundo, está experimentando el fenómeno del rápido desarrollo de las grandes áreas urbanas y la concentración de su población en ellas. Debería ser un requisito esencial planificar y ordenar ese desarrollo de una manera lógica, que tome en cuenta numerosos factores tanto de carácter ingenieril o arquitectónico como socio-económico, estético y de calidad de vida de sus pobladores. Es muy fácil ahora percibir las consecuencias de no haber planificado el desarrollo del transporte urbano, ya que el congestionamiento del tránsito vehicular llega frecuentemente a niveles caóticos en muchos sectores del área metropolitana. El sufrirlo en carne propia tiene repercusiones prácticas directas, pero también en la salud física y emocional del individuo. Este problema ejemplifica la importancia que se debe dar al tema de la calidad de vida del habitante urbano y, al buscar soluciones, podemos señalar que la naturaleza puede contribuir notoriamente a mejorarla. La atracción del ser humano por lo natural es bien conocida y demostrada. El costarricense en particular -como El Financiero lo destacó recientemente- muestra orgullo y notoria afinidad por lo silvestre y por la belleza de ríos, montañas y costas. Es evidente que los humanos necesitamos ese saludable contacto e identificación con lo natural. Por eso, por nuestro propio bien, traigamos un poco del bosque a la ciudad. No solo tenemos muchas formas fáciles y ventajosas de hacerlo, sino que también obtendremos beneficios al poder educarnos y recrearnos con la naturaleza en nuestro entorno, integrándola a nuestra cultura. La flora y fauna costarricenses son extraordinariamente diversas, con muchos elementos de carácter estético que podemos emplear en el embellecimiento de nuestras ciudades. Resulta fácil escoger, por ejemplo, el tipo de árbol, arbusto o planta ornamental más apropiado para un parque, jardín, bulevar o carretera. La belleza de las tonalidades rojas, rosadas o amarillas de las flores de los árboles poró, roble sabana o corteza amarillo es ejemplo de lo que debería adornar profusamente nuestras ciudades en estas épocas de verano. Carreteras y cauces de ríos podrían ser esplendorosos corredores verdes llenos de vida. El sembrar especies de plantas autóctonas, no así exóticas como se hizo en La Sabana, atraería aves, mariposas y otros insectos y animales que le devolverían a los citadinos un poco de ese contacto con lo natural que tanto necesitamos, por nuestro propio bien y por el de la vida en la Tierra. ¿Qué estamos esperando? |
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