| Archivo | Indicadores | Lun 27 jun, 2005 - Dom 3 jul, 2005 | Escríbanos |
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Crecer entre costuras e hilos Randall Cordero Sandí Con la marca No Name y tres tiendas propias, Distribuidora Chaves Feoli quiere llenar el clóset con ropa hecha en Costa Rica Karla Chaves y Gianina Feoli hicieron click cuando la primera, con experiencia en el diseño y fabricación de textiles, le propuso a su socia establecer el negocio propio que deseaba tener y en un campo en el que tampoco era ajena, pues traía ropa del extranjero y la vendía entre sus amigas. Con ¢300.000 en cuentas por cobrar, hace seis años Chaves debía salvar un préstamo y Feoli asegura que se lo pintó bonito: "me dijo: no tenés nada que perder". Así formaron la Distribuidora Chaves Feoli y hoy se les conoce por fabricar la ropa femenina de marca No Name, dirigida a jóvenes de entre 15 y 25 años. Son diseñadoras de moda por afición; una estudió arquitectura y la otra es administradora. Su empresa forma parte del consorcio textil Costa Rica Fashion Port, auspiciado por la Promotora de Comercio Exterior (Procomer). Para Feoli, esta asociación tiene dos usos prácticos: "unirnos para traer materias primas consolidadas y darnos a conocer no solo aquí, sino empezar a hacer un poquito de exportaciones". En el desfile del 2004 organizado por Fashion Port, Distribuidora Chaves Feoli consiguió la intermediación de Carrión para exportar a Nicaragua y vender su ropa en los locales de la cadena en ese país. Enviaron ¢800.000 a principios de abril pasado. Además de tres tiendas propias, No Name se vende en otros 60 puntos, en su mayoría en el área metropolitana. Empezar a coser En 1999, Chaves se independiza de su antiguo socio y novio, diseñador de modas, y con Feoli inicia labores. Luego de asociadas, compraban tela y hacían blusas sencillas que vendían en la playa, para tener ingresos al contado y volver a utilizarlos en la fabricación de ropa. "Después pegamos un cliente grande que fue Pequeño Mundo. Nos pedían cantidades exageradas, 12 docenas por tienda y eran cuatro tiendas", narra Chaves. De acuerdo con su socia, Yamuni las contactó después y las sorprendió la gran diferencia entre los nichos de mercado. Decidieron tener dos marcas: "nos dejamos No Name para más exclusividad, vamos a meterle plata", dijeron. Esto incluyó añadir serigrafía a las blusas (después ampliarían a faldas, pantalones y suéters) y cambiar las etiquetas. Con préstamos de familiares y antiguos novios, compraban la tela y ambas trabajaban en el estudio de arquitectura de Chaves. La ropa comenzó a ganarles espacio y tuvieron que mudarse. "Con Pequeño Mundo ya no cabíamos. Mi mamá me dio un cuarto más grande y después nos dio la terraza", según Feoli. Cuando llegó Yamuni (y dejaron Pequeño Mundo) seguían ahí, el espacio continuó achicándose y entonces alquilaron un local en Moravia. El primer espacio de ventas propio lo montaron en el 2001 en el Mall San Pedro. "Un quiosco súper pequeñito en la avenida fantasma", comenta Feoli. Cuatro años más tarde manejan tres tiendas, una en el pasillo principal del Mall y otras dos en Plaza Rohrmoser y el Centro Comercial del Sur. En la empresa laboran ahora 14 personas. Chaves afirma: "Un año la del Mall dejó ¢900.000 y al siguiente ¢1.800.000. Ahora nos deja como ¢2.600.000 al mes". Con hilo propio En la fábrica de Moravia elaboran solo los detalles de las prendas porque subcontratan el cosido y serigrafiado. Sus materias primas son manta, licra, licra punto e interlock. (De repente, Karla Chaves se levanta de su asiento y enseña su pantalón: "también vamos a usar mezclilla", da la vuelta y se sienta). "Todo insumo llega aquí, se queda lo más difícil de producir y lo demás se despacha a maquilas", apunta Feoli. Y sigue: "en lo que tiene que ver con el jeans nosotras vemos que hay un mercado latente, existen las mismas marcas que todo el mundo está cansado de tener. Las marcas extranjeras suelen ser muy caras". Bajo la guía de un diseñador de modas propio, Karla y Gianina se prueban la ropa que fabrican. "Somos las modelos", se apura a contar Feoli, mientras Chaves corre a maquillarse. La sesión fotográfica está cerca. Como la primera ya se había arreglado se le puede preguntar sobre la industria textil. "Los empresarios textileros ponen muchas trabas. Si no estuvieras en el gremio no te toman en cuenta", según Feoli, refiriéndose al acceso a materiales y la colocación de productos en escaparates de venta. Con Chaves de regreso, la conversación sigue: "Hace falta tener más liquidez, la ropa se vende muy bien pero los procesos de pago son lentos y durante ellos la ganancia ya se gastó", informa quien recién se ha maquillado.
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