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EDITORIAL

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Sin rodeos: Algo más que cartitas


Kattia Bermúdez Mora
Editora

Al ver la saturación en los hospitales públicos en la mañana del 11 de julio, el San Juan de Dios a reventar, la angustia de muchos por conocer el futuro de su familiar trasladado, me pregunté: ¿Dónde estaban las clínicas privadas abriendo sus puertas para recibir a los pacientes que requieren atención urgente o el soporte médico de equipos especializados?

¿Dónde estaban las ambulancias privadas brindando sus servicios de transporte de los pacientes, así como lo hicieron los taxistas en forma desinteresada y particulares que no dudaron para dar una mano en ese instante?

¿Cuántas llamadas estaría recibiendo el director del Calderón Guardia o don Abel Pacheco de los directores de clínicas privadas ofreciendo de inmediato sus equipos, personal e instalaciones?

Qué decepción sentí cuando esa mañana el Mandatario respondió a un colega que solo había recibido una oferta informal, nada concreto.

Tampoco vi en las imágenes de televisión las ambulancias privadas. Y los colegas que cubrieron la noticia en el sitio lo confirman.

Las cartas de solidaridad, los avisos en los periódicos y el consuelo aparecieron muchas, muchísimas horas después. Quizás por recomendación de sus asesores de imagen. Pero la emergencia requería algo más que cartitas.

No quiero pensar que las clínicas privadas mantuvieron sus puertas abiertas solo a aquellos pacientes que venían acompañados por familiares con billetera en mano. Quizás una de esas clínicas sí recibió pacientes gratis, pero solo una de tres.

En cambio, sí vimos media página en la sección de obituarios de otra de esas clínicas ofreciendo su experiencia, solidaridad y mística. ¿Qué significa eso? ¿Personal, equipo e instalaciones sin costo durante el periodo que dure la atención de esta emergencia y los hospitales públicos vuelvan a la calma?

Mejor hubieran invertido esos ¢400.000 en atender gratis al menos un paciente cuya vida dependa de un ambiente más tranquilo que un hospital convertido en un caos.


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