La Guácima, uno de los mejores autódromos de Latinoamérica, alberga al automovilismo en Costa Rica.
Los motores son el segundo deporte en asistencia del país, solo superado por el fútbol.
Piques de aficionados, de cabezales, kartismo, campeonatos de aceleración, de motovelocidad y seis categorías de circuito automovilístico suman 78 eventos de velocidad al año que mantienen al autódromo La Guácima a punto de estallar de adrenalina.
Solo en el 2004, asistieron al autódromo 132.000 personas, apenas 15.000 espectadores menos que al torneo de apertura del fútbol.
En los sesenta se corría en La Sabana y calles aledañas que se cerraban para las competencias. Si coincidía una carrera con un partido los aficionados no podían salir del Estadio Nacional.
Ante esta situación se buscó un terreno especial para construir una pista y realizar las carreras; así, en los años setenta la pista se trasladó al distrito alajuelense.
Larga carrera
El autódromo La Guácima ha sido remodelado dos veces: la primera en 1988 y la segunda durante el 2003-2004. Hoy es el mejor de la región y el sexto en América Latina.
Graderías, eliminación de montículos de tierra para mejor visibilidad, circuito cerrado de televisión para ver las carreras desde un canal especial dentro del autódromo, restaurante, zonas VIP y paddocks (garajes dentro del autódromo) entre otras remodelaciones y su más reciente compra -hace año y medio por Carlos Rodríguez- suman US$7 millones.
Rodríguez, quien además es propietario de Inversiones Cariari, afirma que, a pesar de la excelente calidad del autódromo tico, todavía falta mucho por hacer, como graderías techadas, puentes y adaptar el autódromo para que además funcione para otro tipo de eventos. Actualmente, en el autódromo se realizan desde desfiles de modas hasta pruebas de oficiales de tránsito y la policía especial del gobierno.
El terreno del autódromo es de 30 hectáreas, la pista mide 3 kilómetros y tiene 12 metros de ancho, 12 curvas y rectas para alcanzar altas velocidades. Además, debido al tipo de tierra de la zona, la pista se construyó en un nivel más bajo lo que le proporciona una gradería natural que facilita una excelente visibilidad desde cualquier punto de la pista.
Racing a otro nivel
Hace 10 años en Costa Rica no corren autos Fórmula, pero este 31 de julio ProMotor Sport (organizador de los eventos en La Guácima) los traerá y se realizará en el país la sexta fecha del Campeonato Panamericano de Automovilismo.
Autos mexicanos de la Fórmula Renault 2000 (considerada el trampolín para la Fórmula 1) correrán en la Copa Sur, que se transmitirá globalmente en la cadena Fox Sports.
Además, se realizará la Copa Clio, con autos Sport Renault equipados para correr.
El Team Costa Rica está compuesto por Emilio Valverde y Roy Valverde (Copa Clio) y Juan Ignacio Sansó, Andrés Solano y Carlos Charlie Fonseca (Fórmula).
Distribuidas según precios en las áreas de: general (¢4.000), la isla (¢5.000, ¢6.000 techado) y VIP o pits (¢10.000), La Guácima puede recibir para un evento como este a 15.000 personas.
Caro en cualquier rincón del mundo
Gustavo Pacheco, gerente general de Promotor Sport, considera vital encontrar un punto sostenible para que la economía costarricense pueda costear el deporte más caro del mundo: el automovilismo.
Categorías como la TS (Turismo en Serie, de 1601 centímetros cúbicos -cc- a 2000 cc y hasta 1600 cc) son ideales para las capacidades financieras del país.
Estar vinculado con negocios en el campo como talleres o venta de automóviles hace que la carga se aliviane, al igual que la ayuda de patrocinadores, pero estos últimos son difíciles de conseguir, especialmente para los pilotos que se están iniciando.
Un traje especial puede costar US$1.500 y una carrera ascender a los US$2.000, en repuestos, mecánicos, inscripción y gasolina (super con aditivos especiales que se vende en el autódromo).
Aún así, los pilotos coinciden en que vale la pena la inversión y lo hacen: ya suman alrededor de 100 pilotos en el país que son verdaderas máquinas del automovilismo.
"La Rubia" de La Guácima
Foto Daniela Correa/El Financiero
Silvia Elena "La Rubia" Valle corre en el circuito de aficionados (autos stock, o con mínimas modificaciones) desde hace año y medio. A pesar de su gusto por los autos (especialmente los Honda) nunca había pensado en correr hasta que un lunes se armó de valor para ir a "quitarse la fiebre" a La Guácima. "El día que decidí ir a correr le saqué 3 carros de diferencia a mi novio varias veces. Él fue el que me animó a inscribirme en aficionados". Con un Civic Hackback, que mandó a traer a Estados Unidos, "La Rubia" nunca se imaginó que la acogerían tan rápido y tan bien en un gremio que consideraba cerrado, más aún por ser novata y mujer. "Me he ganado el respeto de los otros pilotos y ahora lo que quiero es dejar el nombre de las mujeres muy en alto en el automovilismo nacional".
Hobbie en miniatura
Frank Guevara/Para El Financiero
¿Se imagina una minipista de circuito? La Guácima cuenta con una y aquí corren autos a escala (de un cuarto y un octavo) que compiten en su propio campeonato. Estos autos son traídos de Estados Unidos y su valor ronda los US$1.500. Al igual que un auto de tamaño normal tiene mecánicos, repuestos, herramientas y además utilizan una gasolina especial compuesta de aceite, metanol y nitrógeno. Un galón de este combustible cuesta ¢12.000. Para el arranque estos autos necesitan de una bateria de 7,2 voltios. Algunos modelos cuentan con una bateria interna recargable para correr, que debe ser alimentada después de cada heat. El alcance del control remoto es de 1 milla.
Único en el país
Foto Frank Guevara/Para El Financiero
Miguel Quesada, dueño del taller de maquinaria pesada Fino en Grecia, construyó el único auto tipo Dragster que hay en el país basado en uno que vio en Estados Unidos y el reglamento para estos. El auto compite en cuarto de milla en la categoría libre (automóviles que hacen el cuarto en 11 segundos). Su tiempo récord es de 9,28 segundos. El precio de un Dragster como este ronda los US$30.000, a Quesada le costó la mitad del precio. "Tardé cuatro años construyendo este auto y con mucho orgullo puedo decir que es el único en Costa Rica y que yo lo hice". Quesada compite también en los piques de cabezales, con uno que contruyó especialmente para esto. Actualmente, se encuentra entre los primeros de esta categoría con "La Mariaseca". "El automovilismo me gusta porque además de la emoción puedo explotar mi creatividad".
Todo por los gokarts...
Foto Daniela Correa/El Financiero
A los 14 años su padre lo llevó a ver una carrera de gokarts y desde ese momento supo que le gustaban los motores. Inició corriendo estos pequeños autos, pero Javier Collado se interesó también en el motocross, que practicó durante 5 años. Finalmente se quedó con el automovilismo "Era el deporte en el que me desempeñaba mejor; en los otros no era tan bueno".
Al igual que otros pilotos del país, corrió en los noventa en Mecánica Nacional, una categoría bastante accesible para la época. Posteriormente corrió profesionalmente (tipo Fórmula) durante 8 años en México para equipos de Puebla, el Distrito Federal y Monterrey. Su categoría es la GT1 para la cual conduce un Corvette, modelo 90, que le hizo desembolsar US$ 45.000 el año pasado. Collado tiene actualmente la representación de los autos GreatWall en Costa Rica.
"Mi pasión toda mi vida ha sido el automovilismo"
Foto Frank Guevara/Para El Financiero
Vendió biblias, llantas y autos, pero a estos últimos le gustaba correrlos. Carlos Rodríguez, dueño de La Guácima, el autódromo tico, se propuso recuperarlo de manos guatemaltecas, ya que lo considera patrimonio del país. Se dedica a bienes raíces, posición que le ayudó a visualizar el potencial del autódromo, no solamente como una pista de careras sino un lugar para actividades de todo tipo. Rodríguez posee un Corvette y actualmente compite en la GT1 con un Ford Mustang. Los motores de ambos autos fueron reemplazados hace dos meses por nuevos de alta tecnología con un valor de US$30.000
"Siento que el automovilismo es algo que llevo en la sangre."
Foto cortesía de Mariano Ramírez/Para El Financiero
Mariano Ramírez siempre ha sentido afinidad por las máquinas, ya fueran acuáticas, aéreas o terrestres. Inició corriendo el cuarto de milla y actualmente posee un Porsche 911 GT3 RS exclusivo para competencias y que compró en enero de este año. Estará compitiendo el 30 de octubre en el autódromo Los Volcanes en Guatemala y el 13 de Noviembre en el autódromo El Jabalí en el Salvador. Para Ramírez la condición física es un reto que lo mantiene en el deporte y la seguridad un componente en el cual no se debe escatimar.
Deporte de familia
Foto Frank Guevara/ Para El Financiero
Emilio "Milo" Valverde corre en La Guácima desde los 16 años (actualmente tiene 24). También ha participado en rally.
Se ha destacado junto a su hermano Roy, en las categorías GT2 (2001 cc a 3800 cc) con un Nissan Sentra y en la categoría GT3 (hasta 2000 cc) con un Nissan Primera. Inició corriendo en Mecánica Nacional, ahora equivalente a la TS.
Emilio pertenece a la escudería Nissan y estrenará para la próxima fecha de automovilismo un Almera construido por Valverde Racing, el taller de la familia. Actualmente el auto se encuentra en pruebas que son supervisadas por su otro hermano Manfred y su padre Roy, piloto y constructor de autos. Este automóvil competirá en la categoría GT1 (de 3000 cc en adelante). Solo el costo de los materiales de este auto fue de US$6.000 y la construcción tardó 6 meses. Emilio se dedica completamente al automovilismo y participará en la Copa Clio junto a Roy.
Traje entero
Foto Frank Guevara/Para El Financiero
Aunque no todos los pilotos corren con un traje completo, estos son los implementos de uno:
Máscara
Permite mayor comodidad y ayuda a disminuir el calor provocado por el casco. Es de material inflamable. Sparco US$ 15.
Entero
Material inflamable. Bandas en los hombros soportan el peso del piloto, para sacalo del automóvil en una emergencia. Sparco US$740.
Guantes
Material inflamable. Protección para las manos y soporte del volante. Sparco US$20.
Casco
Indispensable como medida de seguridad. Sparco US$375.
Zapatos:
Livianos, no deslizan en los pedales del auto. Sparco US$160.