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En esta sección:

Hospital Calderón Guardia: tragedia, lecciones y desafíos


Carlos Manuel Quirós Gutiérrez
Arquitecto

La porción digna y honrada del pueblo costarricense está conmocionada con lo sucedido el pasado martes 12 de julio en horas de la madrugada en uno de los emblemáticos hospitales de la capital.

Me refiero al furioso incendio que se desató en el Calderón Guardia y que destruyó los pisos cuarto y quinto, y cobró la vida de 19 personas; entre ellas, las de dos enfermeras que brindaban lo mejor de sus vidas al servicio de sus semejantes enfermos que buscaban recuperar su salud.

Las víctimas nunca imaginaron que encontrarían la muerte de una forma trágica y horrenda en un edificio que no por viejo, pero sí por dejado, se convirtió en su trampa mortal.

Se trata de una estructura donde las exigencias de las especificaciones y la buena práctica de la arquitectura y de la ingeniería han quedado de lado.

Igual que en otras tantas circunstancias, el golpe nos ha puesto de frente a lo que tantas veces enfrenta el costarricense de clase media hacia abajo: la sensación de impotencia frente a la inoperancia de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Esta es una institución a la que ciertos buenos funcionarios se empeñan en sacar adelante, tarea que resulta imposible dado el lastre que arrastra la CCSS.

Los hospitales se clasifican, según nuestro código sísmico, en edificios clase A; es decir, infraestructuras que no deben salir de servicio en caso de un evento de magnitud mayor.

Ahora, en forma paralela deberían cumplir con los estándares de diseño para hospitales; también con la normativa de la estadounidense Asociación Nacional de Protección Contra Incendios (NFPA, por sus siglas en inglés). Pero resulta que el departamento de diseño de la CCSS no cumple con lo que sí obliga a hacer a quien intente diseñar un centro de atención en salud: seguridad hospitalaria.

Produce coraje

Da coraje ver cómo la mayoría de las obras en construcción que la Caja contrata, de una u otra forma terminan en conflictos. Luego una alta funcionaria sale a la prensa a dar declaraciones no siempre válidas para los arquitectos y los ingenieros.

Consecuencia de lo anterior: los costos se disparan, siendo el dinero de todos los cotizantes el que se emplea, cuando las autoridades hospitalarias tienen la obligación de manejar estos recursos de manera adecuada ya que son funcionarios públicos y para eso se les paga.

La mayor parte de los edificios públicos en Costa Rica no cuentan con las mínimas medidas de seguridad para sus ocupantes, como alarmas modernas en buen estado, rutas de evacuación y verdaderas escaleras de emergencia, entre otras.

No es raro escuchar o leer la trillada excusa de funcionarios que afirman que las cosas no se pueden hacer por falta de recursos; esto no tendría razón de ser si los dineros públicos se administraran bien.

Valgan como ilustración dos ejemplos de reciente conocimiento público: la caducidad de toneladas de medicamentos que deben ser desechados, y las obsoletas máquinas y equipos comprados, pagados, y almacenados a la fecha sin ser utilizados nunca.

Lo anterior representa sumas millonarias en dólares, no precisamente de US$8 millones, cifra que según algunos equivale al monto de las pérdidas del incendio en el Calderón Guardia.

"Es un sueño"

Si bien es cierto que un incendio puede generarse aún teniendo los mayores adelantos técnicos, también lo es que los mismos lo limitan al mínimo de posibilidades.

En el Calderón Guardia aparentemente no funcionó ni siquiera un detector de humo de los baratos, de esos que se pueden comprar en cualquier ferretería de barrio.

Menos se cuenta con un sistema de bombeo interno de agua, que presuriza una red de tuberías que terminan en anaqueles con mangueras en cada piso, las que pueden ser utilizadas por el personal del hospital mientras los bomberos se hacen cargo del siniestro.

Ni qué pensar de un sistema de rociadores de cielo o techo; como dicen algunos: es un sueño. Pero me dijeron que sí existe en las oficinas centrales.

En nuestro país creemos que las cosas que suceden en otras latitudes no ocurrirán aquí.

Por eso, los estudios técnicos de todo tipo que se hacen tanto por funcionarios públicos serios y entregados, como por consultores ajenos a las instituciones, duermen el sueño de los justos en las gavetas de los archivos, en espera de que pasen las tragedias para que alguien los saque, los desempolve y le demuestre a la opinión pública que sí había preocupación de parte de la administración. Qué burla.

Es usual que cuando se tocan estos temas, se diga, como lo dijo nuestro Presidente -a quien tanto respeto-, que si se busca un pelo en la sopa se encuentra.

Pero es que en los hospitales de nuestro país hay tantas cosas de deben cambiar, que se hace urgente un replanteamiento del enfoque que se le da hoy en día al mantenimiento.

¿Cómo es posible?

¿Cómo es posible que se sigan utilizando materiales combustibles por el fuego en lugares donde solo se puede entrar y salir por un mismo lugar?

¿Cómo es posible que no se cuente con puertas y muros cortafuego que permitan delimitar la acción de las llamas en un área específica, mientras sus ocupantes pueden ponerse a salvo?

Ciertamente, la arquitectura de hospitales es muy especializada y tiene que ver hasta con la ubicación de los enfermos por piso, tomando en consideración hasta las probabilidades de siniestros como el sucedido, y la posibilidad que tendrían los enfermos de salir por sus propios medios a un sitio de rescate seguro, sin dejar de lado la construcción de sistemas de rampas que permitan la evacuación de enfermos en camas, etcétera.

El martes murieron carbonizados 19 hermanos nuestros. Ojalá esto y el dolor inmenso de sus familiares, mueva lo interno del espíritu de los encargados de estos asuntos en la Caja Costarricense de Seguro Social, para que ordenen la elaboración de los estudios técnicos necesarios de inmediato y sus resultados y recomendaciones se pongan en práctica lo antes posible.

Y es que no solo por terremotos pueden morir los ocupantes de un edificio de varios pisos de alto. También, como en el caso del hospital Calderón Guardia, pueden perecer por incendios, algo horrendo desde todo punto de vista.

¡Quiera Dios que la comisión nombrada por el Presidente rinda frutos y encuentre culpables para que se termine algún día el reino de la impunidad!


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