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Entre Paréntesis: Muertos en la sopa


Mario Bermúdez
Periodista

La estatura de un gobernante se mide en las coyunturas críticas, cuando deja de ser un administrador y se convierte en inspiración o consuelo para su pueblo.

La tragedia en el Hospital Calderón Guardia fue una de esas situaciones especiales, en la que el mandatario no lució a la altura de las circunstancias.

Estaba ante una barbaridad. La Providencia había anticipado lo que podía suceder con un incendio, sin víctimas fatales, solo meses antes; los bomberos advirtieron el riesgo, pero se hizo poco o nada, y el resultado fue 19 vidas perdidas.

Sin embargo, al preguntarle por este panorama, Pacheco lo consideró como un intento de buscar pelos en la sopa.

¿Cuántos muertos se requieren para que la búsqueda de responsabilidades no sea pecata minuta? ¿100? ¿1.000? ¿un millón?

Es increíble la forma en que se minimizan los problemas en este país. Antes se decía que se esperaba a que algo produjera decesos para ponerle atención.

A juzgar por las palabras del Presidente, eso ya no basta. Aunque después admitió que sus palabras fueron un error, el daño estaba hecho.

Ante esto no podemos ser indiferentes. Diecisiete, cinco, una sola vida humana merece respeto. Es una tragedia, y es una falacia que ofende minimizarla, alegando que pudo ser mayor o que el país es pobre.

Excusas sobran. Siempre faltarán recursos, siempre habrá imponderables. De lo que se trata es de analizar si se pudo evitar con un mínimo de actitud responsable.

Y en este caso, la negligencia muestra su huella por todas partes. Se tiene una advertencia, se tienen vidas de personas que no están en plenitud de sus condiciones. Más que de recursos, es un problema de actitud.

No se trata de un afán morboso por la desgracia, sino de exigir cuentas por lo que se pudo prevenir, si las autoridades actúan a tiempo.

Por supuesto que se debe resaltar el heroísmo de quienes en estas tragedias se arriesgaron o inmolaron por otros. Pero eso no debe ser la trampa para ocultar las responsabilidades que existen en este caso.

Si el mandatario no estuvo a la altura al reaccionar ante la tragedia, tiene la posibilidad de no quedarse corto ante las acciones posteriores.

Todavía quedan hospitales sin las debidas condiciones de seguridad. Hay responsabilidades que determinar. A menos que nos cobijemos en un olvido criminal y solo esperemos que ya no nos salgan más muertos en la sopa.


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