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Ventana digital: Pesadilla digital


Edwin Aguilar Sánchez
Consultor internacional

Una noche de estas soñé que todas las instituciones del Estado se habían puesto las pilas, para decretar su reglamento autónomo de uso y operación de certificados digitales y firmas electrónicas.

Un certificado digital es como un pasaporte en Internet, ya que globalmente establece la identidad del usuario suscriptor frente a terceros, sin ninguna duda razonable, pues está emitido por un certificador de confianza.

El certificador da fe de la identidad del usuario en el ciberespacio, como actualmente lo hace el Tribunal Supremo de Elecciones, con las cédulas de identidad en el espacio físico.

Identificarse frente a un tercero en el espacio digital es enviarle, por Internet u otra red de datos, un certificado digital amparado por un certificador que da plena fe de que usted es usted, pues lo tiene registrado con documentos indudables de su identidad.

La nueva ley de certificados, firmas y documentos electrónicos, en proceso legislativo, regula esta materia, facultando a las instituciones para que elaboren sus propios reglamentos autónomos, con el fin de desarrollar la operación y prestación de este servicio en lo interno y lo externo (con los ciudadanos y las empresas).

Ahora bien, ¿qué pasaría si alguna dependencia no le acepta un certificado digital que es válido en otra, aduciendo sus propios procedimientos reglamentados?

Aquí empieza la pesadilla. Soñé que para importar materia prima o productos terminados, inicialmente un ministerio involucrado que ya tenía su reglamento de certificación digital, me pedía que personalmente fuera a recibir mi certificado digital para usarlo con sus sistemas.

Posteriormente, otra dependencia involucrada en la autorización de la importación me pedía identificarme con su propio certificado digital, para lo cual debería seguir sus propios procedimientos de registro y emisión del bendito certificado.

Luego mi banco, para identificarme en todos estos requiebros digitales me aplicaba sus propios procedimientos.

Mi pesadilla siguió a campo traviesa, en lo judicial, comercial, salud, servicios públicos, migración, etc., en cuanto a identificarme digitalmente se trataba, ya que cada institución tenía su propio reglamento, sus particulares procedimientos y sus propios certificados con sus correspondientes identificaciones.

Entonces para resolverlos, soñé que mejor presentaba mi cédula de identidad.

Al despertar sentí ese alivio que da el mundo real, en el que tenemos la capacidad para elaborar un reglamento básico que destierre toda posibilidad de enredarnos con el uso de nuevas formas digitales de identificación y autenticación en línea.

Aquellos que sin duda nos ofrecen más seguridad, eficiencia, comodidad y simplicidad.


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