| Archivo | Indicadores | Lun 13 jun, 2005 - Dom 19 jun, 2005 | Escríbanos |
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Comercio | Historia de vía rápida podría repetirse, cuando se aprobó 215 a 214 Aprobación ajustada espera al Cafta Juan Pablo Ferrari Bush afina arsenal tras votos demócratas y republicanos con promesas y presiones Mientras los demócratas insisten en que más del 90% de sus representantes votará en contra del Cafta -unos 190-, la administración de George Bush espera confiada en seducir unos 20 de ellos con promesas y presiones. El Presidente hace cálculos. Necesitaría que 16 o 18 congresistas demócratas quedaran encantados con sus dulces compromisos y forzar a dos o cuatro republicanos que saldrían entre los 40 defensores de los intereses de azucareros (véase recuadro: "Los 20 que faltan").
Solo así acumularía los 20 necesarios para confirmar el tratado de libre comercio que Estados Unidos negoció con Centroamérica y República Dominicana (Cafta, por sus siglas en inglés). En Estados Unidos, el Cafta requiere mayoría simple, es decir, 217 votos de los 435 de la Cámara de Representantes, siempre y cuando no haya ausencias en el momento del sufragio. La estrategia de convencimiento de Bush tiene tentadoras promesas para algunos demócratas, y simple presión para sus correligionarios del partido republicano (véase nota: "Dulces y garrotes para lograr el tratado"). Sí o sí Bush está decidido a hacer cuanto sea necesario para que el Cafta quede aprobado antes de que termine el verano en Estados Unidos, es decir, no más allá de agosto. El Cafta se volvió un tema de referencia inevitable de esta administración. La insistencia de Bush, descrita por sus adversarios como empecinamiento, hacen prever que el tratado llegará al Congreso sí o sí. Según confirmó El Financiero, no pesarán los resultados que surjan en la votación simulada que se realizará este 14 de junio en el Comité de Finanzas. "El tratado llegará al Congreso. Tenemos confianza en que conseguiremos los 20 votos para su ratificación", afirmó el asistente del representante comercial, Christopher Padilla. Algunos analistas sostienen que la estrategia de Bush es múltiple. Va desde la promesa de enmendar el texto y la oferta de recursos, hasta la presión y las amenazas. Por eso afirman que aunque Bush no tenga asegurada la mayoría de votos favorables en la Casa de Representantes enviará el texto en las próximas dos semanas. De hecho, se podría repetir el escenario de la votación de la autoridad de promoción comercial (TPA, por sus siglas en inglés) hace tres años, cuando hubo solo un voto de diferencia. En el 2001, la decisión de entregarle al Presidente la potestad de negociar acuerdos comerciales fue muy difícil. Un voto marcó la diferencia, ello a pesar de que la popularidad de la administración Bush se empinaba por el sobre 80%, luego de los acontecimientos del 11 de setiembre de ese año. Sin embargo, como recuerdan los analistas de la organización no gubernamental Public Citizen, la maquinaria republicana se impuso y logró su objetivo. "Dennis Haster y Tom Delay, dos líderes republicanos, extendieron la votación del TPA hasta la madrugrada de un viernes en diciembre de ese año, y tras presionar a algunos representantes con la continuidad en sus cargos de comisiones en el Congreso, lograron el voto de diferencia", comentó Timi Gerson, directora de esta organización. Duelo en el Capitolio Los expertos también reconocen que el acuerdo está siendo usado por los demócratas como protesta por haber sido marginados de la negociación. Sus críticas apuntan a denunciar que se omiten garantías para el respeto a los derechos laborales en el istmo. Por eso hablan de enmendar el texto o bien usar un mecanismo que permita incluir esas consideraciones, tema que algunos interpretan como renegociación (véase recuadro: "Los demócratas..."). Stephanie Weinberg, directora de políticas de Oxfam América, sostuvo que las rencillas entre partidos no son nuevas. "Además de los egos personales desatados luego que los demócratas perdieron las elecciones, ellos reclaman espacio para la discusión". Scott Miller, uno de los líderes de la Coalición de Empresarios pro Cafta en Washington, dijo que el debate actual es característico de los segundos periodos de los presidentes de EE. UU., por eso no lo sorprende. Analistas sugieren que la administración calculará sus pasos de aquí a la ratificación, que incluye la posibilidad de repetir la historia de una madrugada de viernes para doblegar a un par de republicanos y obtener la mayoría, así como seducir a demócratas indecisos.
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