| Archivo | Indicadores | Lun 13 jun, 2005 - Dom 19 jun, 2005 | Escríbanos |
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Nuestro tiempo: Entre costuras y libros Jorge A. Chaves
¿Cuáles son las condiciones para que los medios nos ayuden a pensar por nosotros mismos? Es un momento tranquilo, como el joven samurai que está trabajando en casa, acompañado por su hija mayor, de unos diez años. Esta le cuenta que está estudiando a Confucio en la escuela, pero que un profesor no cree que estudiar a los clásicos sea para chicas. Que le conviene más continuar aprendiendo a coser, porque le servirá para vivir. Le pregunta, entonces, la opinión a su papá. Él reflexiona y despacio le contesta: "Como útil, cierto que coser kimonos va a serte más útil. Pero leer libros, a Confucio. -hace una pausa como para estar seguro de que lo dirá claramente-, leer te enseñará a pensar. Y cuando sepas pensar por tí misma, no importa todo lo que cambie el mundo, porque estarás preparada para vivir". La escena es del hermoso filme del director japonés Yoji Yamada, "El Ocaso del Samurai" (2002), su película 77. Está claro que no es un alegato de género, aunque también enfrente los prejuicios machistas. Pero es mucho más que eso. Cuando se pone sobre el tapete, y sucede con frecuencia, la preocupación porque las jóvenes generaciones leen muy poco en nuestro país, un bando de quienes argumentan apuntan con el dedo al sistema educativo para culparlo de la preocupante laguna. Otros, en cambio, arguyen que vivimos en una sociedad nueva, o en proceso de serlo, y que los niños y adolescentes que empiezan el siglo XXI, no están en peor condición porque no lean, porque los multimedia, la Internet, y todas las nuevas tecnologías de comunicación sustituyen con creces los viejos volúmenes y revistas que poblaron la mente e imaginación de quienes nos criamos incluso antes de la televisión -el director Yamada, por cierto, pasa de los 70 y lleva 40 años produciendo cine-. Para ese segundo grupo, casi ni habría problema, aparte de reubicarse en la época. ¿Será la cosa así? Hay un aspecto de la discusión que en breves párrafos como estos hay que plantear porque no suele ser subrayado. El tema no es sobre la posibilidad de sustituir unos medios de comunicación por otros: el libro por el cine, la radio por la televisión, todos por Internet. O cuáles sean más atractivos y aptos para los jóvenes de hoy. El tema es cuáles son las condiciones para que cada uno de estos medios nos ayude a pensar por nosotros mismos. No lo garantiza el que se trate de negro sobre blanco en papel impreso. Ni que lo respalde la masacre auditiva y visual de los efectos comerciales hollywoodenses. No se trata tampoco de un rasgo incorporado a la banda ancha. Aprender a pensar por sí mismo supone algo más que impacto de imágenes y lluvia de información. Supone, entre otras cosas, saber encontrar y procesar los datos, ver cómo se relacionan entre sí y con la propia experiencia humana, ser capaz de interpretarlos y, todavía más, descubrir el horizonte en el que se comprenden, y ser capaz de ampliar esa perspectiva. En el buen libro convencional, y también en el "cine de autor" hay alguien, detrás de las páginas o fotogramas, que actúa como maestro respetuoso, dialogando con el lector o público, dándole pistas para que realice por sí mismo esa aventura del pensamiento. Esto es lo que se requiere en cualquier medio de comunicación. |
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