| Archivo | Indicadores | Lun 16 may, 2005 - Dom 22 may, 2005 | Escríbanos |
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Y usted, ¿con quién está? Jorge A. Chaves
Comprender las razones del "adversario", no para cambiar sino para matizar la propia posición, puede aparecer menos atractivo Hace varias semanas se publicó El TLC en discusión. Este libro resume las diversas posiciones que se han expresado en Costa Rica sobre seis temas claves del tratado de libre comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (Cafta, por sus siglas en inglés). No es una toma de posición más, sino que compendia las que han aparecido en la discusión nacional, a favor y en contra de lo que contiene el tratado. Al presentarlas todas juntas la Cátedra Víctor Sanabria -que realizó el trabajo-, quiso contribuir a dar mayor información y fundamento a cuantos quieren continuar y profundizar el debate. También, de modo especial, a los diputados que tendrán que decidir sobre la ratificación o rechazo del Cafta, para que viendo la amplitud y complejidad de algunos de los temas, puedan superar posiciones simplistas en un sentido o en otro. Lo curioso del caso, es que pasada ya la presentación pública de este libro -en la que participó incluso el director adjunto de Cepal-México- y transcurridos bastantes días en los que se ha ido realizando su circulación, no se ha recibido ninguna retroalimentación sobre sus contenidos. Ni para valorar positivamente el aporte, ni para indicar si se quedó corto en el intento. Este hecho llama la atención por tratarse de un documento relacionado con un tema candente en el país. Es más, con un tema que sigue abierto a un debate de graves implicaciones prácticas-sociales, económicas y políticas. ¿A qué puede deberse la falta de reacciones, en particular, entre los diputados y los representantes de las diversas organizaciones sectoriales? Podría pensarse que cada día más, en nuestro país, nos leemos menos. Por fortuna, se producen más materiales sobre temas relevantes a la vida nacional y los medios, en especial Internet, se encargan de llenar nuestros buzones de correo con aportes variados, de grupos o de analistas específicos locales, que casi cada semana nos envían artículos periodísticos, boletines, volantes y otros elementos, que no alcanzamos a leer. Por no mencionar las mesas redondas y otros espacios de discusión que, en comparación con los inicios de la década pasada, son muy numerosas. Más se produce, menos podemos leernos o escucharnos. No hemos resuelto este problema que estaría afectando también a El TLC en discusión. Pero no puede eliminarse la sospecha de que pudiera darse otro tipo de motivo. El libro no toma posición, porque lo que quiere es contribuir a la reflexión dando a conocer, en la medida de lo posible, todas las posiciones incluyendo, por supuesto, las que pueden contradecir a la que ya asumió el potencial lector. Lamentablemente, en el caso del TLC, por razones que vale la pena analizar en otra ocasión, la discusión parece haberse definido en forma militante con la respuesta a las preguntas "¿Está Ud. a favor o en contra? ¿Con quién se apunta y a qué tipo de lucha?" Comprender las razones del "adversario" no para cambiar sino, quizás, para matizar o ampliar la propia posición, en ese contexto puede aparecer menos atractivo. Y, sin embargo, sigue siendo una exigencia vital para fortalecer nuestra democracia y nuestra forma de tomar decisiones éticas con respecto a políticas públicas. |
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