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OPINIÓN

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En esta sección:

Aclaremos las cosas, don Rodrigo Carazo


Richard Beck
Empresario

He leído con atención el artículo del expresidente Rodrigo Carazo en la edición No. 534 de El Financiero (3-9 de octubre del 2005). Y me parece pertinente expresarme sobre algunos de sus planteamientos.

Bajo la coyuntura actual del acuerdo comercial con los Estados Unidos (Cafta, por sus siglas en inglés), cada quien se ha tomado la libertad de expresar inquietudes y Carazo no es la excepción. Referente al equipo negociador, dice don Rodrigo: "Yo me he negado a creer que tantos temas perjudiciales para Costa Rica que incluye el tratado hayan sido de su iniciativa, que hayan partido de costarricenses; prefiero pensar que ellos no estaban al tanto de lo que hacían".

Fotos/Infos:

  • Tasas anuales de crecimiento del PIB*
  • Ingreso pér capital en dólares al tipo de cambio de entonces
  • Variación anual de precios al consumidor
  • inflación anual
  • Esta observación, bastante impropia para uno como lector, resulta ser insultante para los integrantes del equipo negociador del Cafta.

    Ver sus opiniones acerca de este tema es poco menos que lamentable, más tratándose de su persona que uno supondría está al tanto de la realidad nacional. Y dentro de esa realidad es imposible desconocer que el equipo negociador estuvo compuesto por personas honorables, responsables y profesionalmente preparadas para asumir la difícil tarea de conseguir una posición ventajosa para el país. Claro está que esta posición es directamente proporcional a la habilidad que tengamos las instituciones, las empresas, la academia y los ciudadanos costarricenses para encarar la tarea.

    Lo que más me duele es ver cómo don Rodrigo sigue con su tradicional empecinamiento de no reconocer la realidad de las cosas y el momento histórico en que nos encontramos. Además, siempre es más fácil criticar que aportar soluciones y elementos constructivos que mejoren las iniciativas.

    Esto es exactamente lo que sucedió en 1978, cuando él asumió la Presidencia de la República. La situación económica y financiera del país requería un ajuste moderado en el tipo de cambio y medidas adicionales complementarias de austeridad para mantener un equilibrio macroeconómico aceptable.

    Pero don Rodrigo no estaba de acuerdo, y a pesar de la opinión de los expertos en la materia tanto nacionales como internacionales, se aferró a su posición de no solamente no devaluar el colón, sino impulsar el endeudamiento del país tanto a nivel privado como público, hasta casi hundir la economía nacional.

    Es necesario recordar que los desaciertos de la administración Carazo hundieron al país no solamente desde el punto de vista financiero y económico, sino también en el plano social.

    En las tablas adjuntas se pueden apreciar algunas cifras que demuestran con elocuencia los aspectos centrales de lo ocurrido durante ese periodo.

    Tampoco estaba al tanto

    Parafraseando a don Rodrigo, se podría concluir que "preferimos los costarricenses pensar que el licenciado Carazo no estaba tan poco al tanto de lo que hacía cuando fue presidente de Costa Rica de 1978 a 1982", ya que su actitud recalcitrante y soberbia fue causa de grandes trastornos socioeconómicos para el país, cuyas consecuencias aún estamos sufriendo.

    Creo suponer que no estaba al tanto, o prefería no estarlo, o todavía no se ha dado cuenta de que cientos de empresas comerciales e industriales estuvieron a punto de quebrar y que la inflación galopante durante aquel cuatrienio empobreció a cientos de miles de familias (algunos de cuyos integrantes entonces eran adolescentes y hoy bordean los 40 años). Estos jóvenes votantes son hoy día receptores de las posturas anacrónicas de don Rodrigo; pueden confirmar con sus padres lo que asevero.

    Pero lo que es inconcebible pensar es que hasta la fecha él no quiere reconocer que el modelo prevaleciente en la actualidad -de la economía del conocimiento- demanda nuestra codependencia con el mundo exterior, ese del que tanto reniega. Costa Rica difícilmente podría lograr por sí sola el ahorro y las inversiones necesarias para conseguir el crecimiento económico indispensable que permitan al Estado resolver los graves problemas sociales que lo aquejan.

    ¿Defensor de la soberanía?

    También debemos recordar que don Rodrigo, quien reiteradamente defiende la soberanía y dignidad nacionales, fue el único presidente en los últimos tiempos que vendió las reservas de oro, para hacer frente a algunas de nuestras obligaciones internacionales. O mejor dicho, como dice el adagio, "vendió las joyas de la abuela".

    Además, a pesar de sus reiteradas manifestaciones de apoyo al ICE, nadie le ha hecho más daño a la continuidad de los programas de desarrollo de esta institución, que él mismo. Producto de los resultados desacertados de su mandato, las instituciones financieras internacionales suspendieron todo apoyo al ICE, debido al excesivo endeudamiento del país.

    Finalmente, quisiera mencionar con respecto al Cafta que como todas las leyes, tratados convenios, contratos, etcétera, que se negocian a nivel nacional, público o privado, ninguna negociación por sí misma es perfecta. El viejo refrán que dice que "lo perfecto es enemigo de lo bueno", cae como anillo al dedo en este caso particular.

    El hecho de que el tratado no se pueda renegociar hoy, no elimina la posibilidad de que los países de Centroamérica y República Dominicana, como bloque, en un futuro pudiesen iniciar una revisión formal del mismo.

    En vez de estar discutiendo sobre cosas que como se dice en derecho son "cosa juzgada", deberíamos concentrar nuestros esfuerzos en preparar al país y hacer competitivas nuestras instituciones y nuestras empresas. Gastar las energías en una lucha que pareciera ser estéril lo único que está logrando es un atraso sustancial en las decisiones importantes que el país debe llevar a buena ejecución, lo que es sencillamente inaceptable. Los tiempos han cambiado, don Rodrigo.





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