| Archivo | Indicadores | Lun 14 nov, 2005 - Dom 20 nov, 2005 | Escríbanos |
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Protección y opciones para el inversionista Según reportó este semanario la semana pasada, Florida Ice and Farm (Fifco), una de las empresas más sólidas de Costa Rica, deberá reembolsar US$9,6 millones a su socio estratégico, la cervecería Heineken. ¿La razón? No se cumplieron las expectativas de ventas con base en las cuales se fijó el precio de venta del 25% de las acciones de la Florida a Heineken. En vista de ello, se produce un ajuste en el precio de venta de dichas acciones y de allí el reembolso que debe realizar Fifco. Un primer hecho a destacar es que este reintegro no pone en peligro, ni mucho menos, la situación financiera de Fifco. La empresa tiene utilidades no distribuidas por ¢84.806 millones, de manera que los cerca de ¢4.700 que deberá reintegrar a Heineken no harán mella en su situación. Sin embargo, las reacciones de los inversionistas de la empresa, algunos de los cuales parecen haber sido tomados por sorpresa por la noticia de marras, nos llevan a plantear cuatro reflexiones. Primera: aunque no es posible eliminar el riesgo en el mercado de valores, se puede informar a los inversionistas acerca de los riesgos asociados con los diversos instrumentos que se ofrecen. En el caso que nos ocupa, la contingencia había sido oportunamente revelada -si bien no cuantificada- en los estados financieros de la empresa. Segundo: no basta con que la información sea revelada. Los inversionistas deben tener la capacidad y la voluntad de analizarla, así como de exigir que la revelación sea completa y oportuna. En este punto, nuestra cultura bursátil parece aún débil: no pareciera que la contingencia revelada por Fifco hubiese sido tomada en serio por los inversionistas ni, aparentemente, se exigió a la compañía que cuantificase su magnitud. Tercero: los inversionistas individuales tienen una capacidad limitada para analizar información y, sobre todo, para exigir la revelación de información adicional o cambios en la conducta de los administradores de las empresas. Los inversionistas institucionales, tales como los fondos de inversión, en cambio, tienen posibilidades mucho mayores y en mercados más desarrollados juegan con frecuencia un papel mucho más activo que en el nuestro protegiendo los intereses de los inversionistas. Cuarto: al final de cuentas, el mejor instrumento que tiene el inversionista es la diversificación de su portafolio. Y aquí reside la debilidad más notoria de nuestro mercado de valores. Parte de la solución consiste en promover la emisión de más títulos valores en el mercado nacional, pero este es un proceso complejo y que demandará tiempo. En un mercado pequeño como el nuestro pareciera que un requisito indispensable es la estandarización de las emisiones de deuda pública y la generación de una curva de riesgo soberano. En ninguno de estos temas se ha avanzado lo suficiente. Pero además, lo que se ha observado recientemente es una reducción en el número de emisores que recurren al mercado. Parte de la explicación reside en las extraordinariamente bajas tasas que han prevalecido en el mercado de crédito bancario. Sin embargo, pareciera que también existe un problema en cuanto a la regulación de la oferta pública de valores en nuestro mercado, que con el ánimo de ser rigurosa, podría más bien estar obstaculizando el desarrollo del mercado de valores. Tanto en el campo de la estandarización como en el de la mejora regulatoria, los cambios serán complejos y demandarán, según lo indica toda la experiencia acumulada hasta el momento, lapsos bastante prolongados. Y esto nos lleva a la segunda parte de la solución: deben buscarse mecanismos que faciliten la oferta de títulos valores extranjeros en nuestro mercado, especialmente los de índices bursátiles que permitan a los inversionistas alcanzar un algo grado de diversificación de su riesgo. Cierto, sería preferible que el ahorro nacional se canalice hacia el financiamiento de la inversión nacional. Sin embargo, mientras no se generen los instrumentos que permitan esa canalización, no es justo que el inversionista pague los platos rotos de la fiesta, ni es sabio estimularlo a que abandone el mercado local e invierta directamente en las bolsas de otros países. |
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