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Nuestro tiempo: Las niñas y la literatura


Ana Cristina Rossi

En tres horas con ellas aprendí más que escuchando a políticos

Voy a inventar un universal femenino para decir que Wendy, Viviana, Angeline, Dayana, Mariana, José, Jorge, Montserrat, Alejandro, Andrea y Daniela se han convertido en seres excepcionales gracias al programa "Disfrutando el Mágico Mundo de la Literatura" que en el marco de los Proyectos Especiales del MEP y la Fundación Omar Dengo, lleva a cabo María Eugenia Álvarez en la escuela Hernán Rodríguez Ruiz, de Palmares de Pérez Zeledón.

Estas niñas -entiéndase que se incluye a tres varones- de 9 a 12 años saben expresar su mundo interno y sus opiniones con total claridad, de corrido, sin muletillas, en frases perfectamente articuladas y correctas. Hablan y escriben mejor que la mayor parte de nuestros actuales políticos.

Y sin lugar a dudas esto es así porque María Eugenia Álvarez y Kembly Jiménez con el apoyo de la directora, Tirza Loaiza, han puesto a esas niñas a leer, pero no a leer a Pablo Cohelo ni libros de autoayuda, no: ellas leen literatura. Leen novelas de aventuras, cuentos fantásticos, leen los libros de Lara Ríos y Carlos Rubio, leen poesía.

En tres horas con ellas he aprendido mucho más que escuchando durante tres semanas a los principales candidatos a la Presidencia.

Estas niñas están en las antípodas de la aburrida homogeneidad de la globalización. El reino del libre mercado, hacia el cual vamos, produce una desesperante uniformidad. En todo lado surgen los mismos centros comerciales con las mismas tiendas, los mismos estilos de moda que fomentan las mismas actitudes en los jóvenes, la misma música ad nauseam, el mismo empobrecimiento verbal y cultural. En literatura va igual, las grandes editoriales privilegian libros efectistas sin profundidad que puedan ser consumidos en masa con solo un poquito de mercadeo; así el Vargas Llosa genial de "Conversación en la catedral" se convierte en el Vargas Llosa lamentable de "El paraíso en la otra esquina."

Indefectiblemente una se pregunta: ¿Qué pasará el año que viene con el programa de María Eugenia Álvarez, que enseña a las niñas a programar a través de la literatura? Cuando se termine de implantar en nuestro país el reino del mercado, ¿qué pasará con este tipo de proyectos, que no son comerciales sino inversión social pura?

Quiero preguntar ala Fundación Omar Dengo pero sobre todo al Ministerio de Educación: ¿Cuál será el futuro del programa "Disfrutando el mágico mundo de la literatura"? ¿Podría ser replicado a nivel regional? ¿En dónde será nombrada María Eugenia Álvarez el año entrante?

¿Podrán las alumnas de la escuela Hernán Rodríguez Ruiz seguir disfrutando la literatura? ¿Cuándo va el Ministerio de Educación a establecer en las escuelas bibliotecas infantiles y juveniles para que niñas como estas puedan seguir saciando su sed de saber y desarrollando su imaginación? ¿Vamos a condenar a nuestras niñas a la pobreza desoladora de lo comercial y vamos a juzgar a los seres humanos por su rendimiento económico?


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