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En esta sección:

Entre paréntesis: El mundo unido por un balón


Randall Cordero Sandí
Periodista

¿Cuál es la magia que desprende un balón de fútbol cuando rueda por el césped, capaz de captar la atención del mundo cada cuatro años? ¿Por qué un grito de gol en el mundial es la máxima expresión de felicidad de un aficionado y de un pueblo entero? ¿Qué sentiríamos si nos anulan un gol en la final de Alemania 2006?

Más que razones, el fútbol se entiende mejor por emociones, lo que hace difícil pensar fríamente para responder tales preguntas.

En el estadio, frente al televisor, escuchando la narración por radio o leyendo la descripción en el periódico o Internet, pocos se resisten a celebrar un triunfo del equipo al que se apoya o simplemente del que despierta simpatía.

En Costa Rica, como en muchos otros países, se hace necesario este deporte para liberar tensiones. Las empresas se deciden a invertir más en publicidad cuando nuestra selección clasifica al campeonato mundial, porque los aficionados, consumidores al fin, están más dispuestos a gastar su dinero pues sienten un aumento (aunque sea ficticio) en su calidad de vida.

La conexión balón-gol-mente- bolsillo-consumo se parece a una jugada con un pase que termina en gol, y en la que ojalá haya participado todo el equipo.

Una jugada de equipo también necesitamos nosotros, ya no como seguidores de la selección, sino como seres humanos. "El mundo unido por un balón" fue una frase del Campeonato Mundial México 86, que cae de perlas en este momento.

Sin caer en discursos moralistas, sería bueno si practicásemos un estilo de juego más solidario en nuestra convivencia, si en lugar de esperar que alguien "se eche el equipo al hombro", tomáramos la iniciativa de comenzar a "armar el juego" (la jerga futbolística en el país merecería otra columna...).

Llevarse bien con otras personas y practicar la tolerancia con inmigrantes, por la emoción de sentirse bien y no por lástima o imagen, son buenos ejemplos de solidaridad.

¿Una exageración mezclar fútbol con convivencia? Para nada. Si aún existen aficiones de equipos y países distintos capaces de sentarse en la misma tribuna a disfrutar de un juego, a pesar de ser el deporte que más pasiones despierta en el mundo, supongo que será más fácil utilizar ya no esa pasión, sino la razón, para establecer buenas relaciones y compartir un terreno de juego en común, y único, como es este planeta.

Sin embargo, es una pena que el mundo esté unido por el balón cada cuatro años. ¿No podría ser antes?


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