| Archivo | Indicadores | Lun 21 nov, 2005 - Dom 27 nov, 2005 | Escríbanos |
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¿Cuándo nos volvimos tan chambones? Leonel Fonseca Extitular Aresep Hace algunas semanas el politólogo Luis Guillermo Solís y la economista Doris Osterlof, en el interesante programa Desayunos de Radio UCR, se hicieron el cuestionamiento que titula este artículo para trasladarnos su preocupación por la falta de capacidad de nuestros dirigentes y de los costarricenses en general para satisfacer las imperiosas necesidades, que en el campo de los servicios públicos básicos e infraestructura la sociedad nos exige. Esto es evidente al contrastar la penosa y hasta desastrosa situación que hoy sufrimos con lo que el país fue capaz de hacer durante las décadas anteriores cuando las obras y programas del Gobierno Central y de los entes descentralizados nos permitieron gozar de un nivel de desarrollo tal, que como sucedió en un seminario de El Financiero del 27 de agosto de 1999, expertos internacionales concluyeron que fuimos el único país de Latinoamérica capaz de alcanzar el tren del desarrollo del siglo XX. Pero igualmente se indicó que si seguíamos enamorados del pasado no seríamos capaces de alcanzar el satélite del siglo XXI. En noviembre del año pasado, el Colegio de Ingenieros Civiles reconoció la destacada labor de Teófilo de la Torre al designarlo como Profesional Distinguido. De la Torre en su discurso de aceptación también nos llamó la atención al comparar la evidente capacidad del sector empresarial privado que ha desarrollado instalaciones industriales, comerciales y turísticas de clase mundial; mientras el Estado es incapaz de desarrollar o siquiera mantener la infraestructura vial, de construir un sistema de alcantarillado para las área metropolitana y urbana, y de diseñar un sistema moderno de transporte colectivo. No se ha pasado de las ideas, diagnósticos y planes a su ejecución. Un gran sonrojo... La Nación, en su Día Histórico, de hace algunos meses nos recordó que la obra o proyecto de ampliación de la Avenida Segunda ya cumplió 50 años. Hemos tardado más de cinco décadas sin poder terminar una calle de un poco más de un kilómetro. La carretera a Caldera ya tiene más de 30 años de estar en proyecto y recientemente hemos leído que la de San Carlos tiene más de 40 años de estarse requiriendo. Los ferrocarriles fueron abandonados y los puertos son obsoletos y deficientes. Un gran sonrojo nos tiene que dar que solo hayamos podido construir el puente sobre el río Tempisque y por fin empezar la nueva carretera a San Carlos gracias a las donaciones y apoyo del Gobierno de Taiwán. Es cierto que los tiempos han cambiado y la situación fiscal es tan grave que es imposible siquiera pensar en volver al Estado empresario que fue pulpero (CNP), cantinero (Fanal), cementero (Cempasa) y hasta autobusero (Transmesa). Pero debemos hacer esfuerzos para alcanzar el mencionado "satélite del siglo XXI" reconociendo las experiencias exitosas del ICE, la CCSS y el AyA al fortalecer esas instituciones para que sigamos contando y ampliando los excelentes indicadores de cobertura que Costa Rica tiene en salud, energía, suministro de agua potable y telecomunicaciones. Mas para ello debemos adoptar nuevos y más eficientes planteamientos y estructuras institucionales. Y, sobre todo, desarrollar novedosos esquemas financieros como los que a manera de ejemplo se han utilizado para la construcción y puesta en operación de los proyectos hidroeléctricos de Peñas Blancas y de Cariblanco por medio de la titularización de deuda (captación de recursos privados) y que en estos días se anuncian por parte de ESPH y el BNCR para proyectos de alcantarillado en la provincia de Heredia y en Tamarindo de Guanacaste. Existen decenas y hasta centenas de millones de dólares de los fondos de pensión que perfectamente podrían financiar las tan indispensables obras de infraestructura y de servicio público que todos requerimos. Eso sí, garantizándole a sus dueños o concesionarios -en primer lugar- la ahora inexistente seguridad jurídica para que esos proyectos sean construidos y operados eficaz y eficientemente, bajo condiciones de excelente calidad tanto de construcción como de operación y con costos los más bajos posibles, de manera que los impuestos, tarifas o contribuciones que paguen sus usuarios se ajusten estrictamente al principio de servicio al costo. |
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