| Archivo | Indicadores | Lun 19 sep, 2005 - Dom 25 sep, 2005 | Escríbanos |
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El color redime los minutos en blanco y negro Rodolfo González Ulloa La Casa del Artista es una opción buena, bonita y barata para pintar y olvidar las tensiones Edwin Burgos vivió 46 años en California, EE. UU., trabajando en tapicería y carpintería. Nunca recibió clases de pintura, pero ahora, a los 81 años dedica gran parte de su tiempo a pintar paisajes en acrílico. Los viernes asiste a la Casa del Artista, en Guadalupe, al igual que otros 2.000 estudiantes que practican sus trazos en esa sede, o en la regional ubicada en Alajuela. Semanalmente reciben al menos 3 horas de clases de dibujo, acrílico, acuarela y óleo. "Sabe, aquí encontré amigos y una gran distracción. Hace poco enviudé y vivo solo. Por eso la pintura, para mí, es una gran ayuda. Ya llevo año y medio aquí", comentó. A su lado, dos niñas de nueve años hacen sus primeros trazos a lápiz. El profesor, Jorge Luis Hidalgo, coloca una lámpara que emite una fuerte luz amarilla sobre un muñeco de madera, que los alumnos deben dibujar. "El dibujo y la pintura es un asunto de luz y sombra. Lo primero que hay que aprender es a observar. Los egipcios medían el cuerpo humano en puños, pero los griegos fueron más hábiles y descubrieron que el cuerpo humano mide 7 cabezas y media. Eso sí, para dibujar un héroe alto, vale la pena aumentar la proporción a nueve cabezas", dice el profesor. Niños y adultos mayores comparten con adolescentes primero los dibujos a lápiz y carboncillo, después el acrílico y la acuarela, finalmente practican el óleo. José Araya, director general de la Casa del Artista, explica el fenómeno de la pintura en edades tan variadas. "El 15% de los alumnos son pensionados, personas de la tercera edad. Algunos de ellos nunca habían pintado y descubren que tienen talento. Es increíble lo que logran y lo bien que se sienten. El resto de la población es muy variada: desde adolescentes y niños hasta profesionales que vienen a reducir la tensión del día cuando finalizan la jornada", explicó. Para empezar Ricardo Jiménez tiene más de 40 años en la Casa del Artista. Ahora es profesor, pero empezó como estudiante a los ocho años. "Lo primero que aconsejo a alguien que quiera pintar es que se relaje y suelte la mano: haga círculos, ovales, espirales, curvas, resortes, que la muñeca se mueva mucho. Hay que soltarla, es lo primero". El aprendizaje tiene un orden: primero hay que dedicar seis meses a dibujar con lápiz, carboncillo y sanguina o cepia. Luego se imparten lecciones sobre la teoría del color y se practica con témperas, acuarelas y acrílicos. Lo último es el óleo. Jiménez muestra un cuadro que sus alumnos están concluyendo en acrílico, con base en un diseño propio. "Lo vamos a donar a la Universidad Interamericana. Los pintores lo hicieron con solo un año de estudio y el progreso es notable". Bueno, bonito y barato Una de las fortalezas de la Casa del Artista es su accesibilidad a la mayoría de los bolsillos. Cada curso cuesta solo ¢5.000 el semestre, y eso da derecho a una clase semanal de tres horas (véase recuadro: "Así pintan los costos"). Hay dos ofertas académicas básicas: por un lado, están los cursos recreativos, que se pueden tomar de manera aislada y permiten la formación libre en una técnica específica. Por otro lado, están los cursos académicos, que se llevan en bloques de 5 materias semestrales y al cabo de 3 años concluyen un grado técnico reconocido por el Ministerio de Educación. Según Gonzalo González, director de la sede regional de la Casa del Artista, los estudiantes pueden graduarse como técnicos en Artes Plásticas con énfasis en dibujo, pintura o escultura. Don Edwin Burgos está en un curso recreativo. Mientras se abría camino en el mercado estadounidense, Burgos no supo que Fernando Centeno Güell, Olga Espinach, Arnoldo Herrera y Carlos Salazar Herrera estaban fundando, con la Casa del Artista, un aliado para su tiempo de retiro.
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