| Archivo | Indicadores | Lun 7 ago, 2006 - Dom 13 ago, 2006 | Escríbanos |
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Agricultura | Grupo de seis familias tiene proyecto para unir cultivo orgánico con agroturismo Café orgánico va directo a Seattle Sergio Morales Chavarría Lo venden en cafeterías y supermercados Seis productores de café orgánico de la zona de Los Santos lograron evitar a los intermediarios tradicionales y vender directamente su producto terminado en Estados Unidos y Canadá. A pesar de ese logro, estos agricultores siguen en busca de precios que estimulen la producción sin agroquímicos y de la unión de esta actividad con el turismo. Este grupo exporta el total de su producción por medio de una empresa localizada en Seattle, estado de Washington, que uno de sus propios miembros estableció con el fin de lograr negocios directamente con los puntos de venta. Para la cosecha pasada (2005-2006) enviaron casi las cinco toneladas, tostado y empacado en presentaciones de una y cinco libras (0,45 y 2,26 kilogramos). En Estados Unidos se encargan de etiquetarlo y distribuirlo en cafeterías, restaurantes y algunos supermercados especializados. Arturo Segura es uno de los integrantes de este proyecto comercial. Fue él quien hace más de cinco años decidió establecer su propio beneficio y marcharse a la nación norteamericana para vender el producto (véase nota: "Un peculiar caficultor", pág. 25). Segura reconoce que este sistema de comercialización le generó mejores precios de venta, con lo que pudo sumar a más pequeños productores de Santa María de Dota y San Marcos de Tarrazú, todos bajo la modalidad de café orgánico. Esta característica es precisamente lo que pretenden resaltar estos agricultores, junto con la promesa al consumidor de que también están propiciando un comercio equitativo o justo. Ventas directas El grupo de productores le vende el café a Segura, quien lo procesa en su beneficio y subcontrata a un tostador local. Todos estos pasos deben estar avalados por el certificador para otorgar la categoría de orgánico. Una vez listo lo empaca y lo lleva a Seattle y a la costa oriental de Canadá, específicamente a Vancouver. En esa ciudad estadounidense Segura tiene la empresa Sol Colobrí Coffee, la cual almacena el grano y lo despacha según los pedidos. Con este esquema ha logrado mejores precios. Actualmente su pago por quintal (46 kilogramos) es de US$170 al agricultor, más el costo de la certificación, que ronda los US$12. El precio final que logran en Canadá, por ejemplo, es en ocasiones US$12,50 por libra, del cual se intenta que un mínimo de US$4,50 se queden en la región que produce el café. Para Segura, esto es lo que atrae a los consumidores que pretenden beneficiar el comercio justo. Hasta el momento participan en ferias e ingresan en tiendas exclusivas para productos orgánicos y de comercio justo, aunque carecen de certificación. Aunque están en varios puntos de venta, este empresario aún tiene en mente otros objetivos. Uno de ellos es obtener un mejor precio para la venta por ser fincas orgánicas que producen a la sombra. Con las condiciones actuales del mercado se hace poco atractivo sembrar café orgánico frente al convencional. Minor Montero es uno de los caficultores del proyecto. En la finca de su familia, de casi diez hectáreas, 2,8 se destinan al café orgánico. A este productor le tomó cerca de tres años hacer la transición. También tuvo que hacer frente a los menores rendimientos que se cosechan en esta modalidad de cultivo en comparación con la siembra convencional. Café con turismo Otro de los clientes de este grupo son la Universidad de Malaspina y el Algonquin College, ambos en Canadá. En estos centros de estudio se han creado proyectos para apoyar a las familias en la producción del grano y en capacitación para unir esta actividad con el agroturismo. Esto incluye la compra del producto por parte de estudiantes que luego lo venden dentro y fuera de la universidad. Algunas de las metas que tiene el grupo es ofrecer sus fincas como destino turístico a las personas interesadas en conocer la actividad cafetalera. Hasta el momento el proyecto funciona con los estudiantes norteamericanos que vienen como parte del plan. Montero explicó que con esta actividad se complementarían los ingresos de las familias y de esa manera se evita depender en un 100% del café. Debido a que la capacidad de hospedaje es limitada en las viviendas, otros hogares de la zona se involucraron con el proyecto, solo como proveedores de hospedaje. Este es el caso de Rafael Parra, quien además de albergar turistas en Santa María de Dota, también organiza caminatas y viajes de aventura en la vertiente que va desde el Cerro de la Muerte hasta la zona costera al sur de Quepos. Ahora estos agricultores esperan tener la capacidad dentro de unos dos años para atender el turismo interesado en conocer lo que hacen: cosechar café orgánico y ganar lo más que se pueda.
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