| Archivo | Indicadores | Lun 21 ago, 2006 - Dom 27 ago, 2006 | Escríbanos |
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Ciclo de conferencias Tribuna Pública
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Examen y rectificación Nos referimos a los primeros 100 días del Gobierno, como lo hicimos en nuestra edición pasada, no porque este número sea prenda de un examen definitivo, sino porque el propio Gobierno lo adoptó como acto de rendición de cuentas. Las cosas deben colocarse en su justa perspectiva: un gobierno no se puede juzgar por sus primeros 100 días, pero sí es necesario, antes que destacar logros, señalar tendencias o errores para rectificar a tiempo. Una doble premisa se impone: el deterioro impresionante del Estado, desde el punto de vista de la gestión pública, y, a la vez, del temor –o cálculo– de enfrentar los hechos y las personas responsables de estas graves desviaciones. Esta evasión ha conducido, en estos años, a buscar a los responsables de este sistemático incumplimiento del deber en las instituciones internacionales o en determinadas tesis económicas. En el análisis de los 100 primeros días o del ejercicio completo de un gobierno, este aspecto es esencial. Siendo así las cosas, es preciso ser muy riguroso con el actual Gobierno y con la Asamblea Legislativa, dadas la acumulación de los problemas y, sobre todo, la confusión de conceptos vigente en el orden político y administrativo. Es preciso, entonces, que los actuales gobernantes le digan al país la verdad y que a esta se ajusten las soluciones propuestas. Así, se comenzarán a satisfacer las expectativas creadas, en buena hora, por el Gobierno y se reforzará su principal patrimonio: la confianza, cuyo sustento son la prudencia en el hablar o en el actuar, y la coherencia entre los hechos y los compromisos. Desde este punto de vista, no deben pasar inadvertidos diversos errores manifiestos como las declaraciones del presidente Arias en su visita al Vaticano o el protagonismo internacional sin sujeción a una estrategia significativa, que puede dejar la impresión de un descuido de los graves asuntos internos. Preocupan, por ello, en el orden interno, el desajuste entre los ampulosos anuncios de campaña sobre la tarea de 1.000 y más estudiosos, a cargo de un diagnóstico cabal de la situación del país y de las correspondientes propuestas concretas de solución, en contraste con lo visto en estos 100 días. El plan fiscal ha sido el testimonio de esta incoherencia. En esta cuestión capital, definidora, en gran parte, de esta administración, la incertidumbre y las contradicciones han estado a la luz del día. Los traspiés han sido públicos en lo tocante al CNP, y deplorable, la reacción inicial del Ministerio de la Producción ante el escándalo de Oirsa. En cuanto al ICE, institución clave, ha sido la Contraloría de la República la que ha exhibido su desorientación, en el orden técnico y administrativo, por enormes fallas en años anteriores, sin que, desde su interior, surjan esclarecimientos, explicaciones o señalamiento de responsables. Esta falta de liderazgo puede afectar la discusión del proyecto de ley general de telecomunicaciones y la necesidad imperiosa de evitar el colapso del ICE. El Gobierno ha criticado, con razón, la lenta tramitación del Cafta en el Congreso. Además, la agenda complementaria aún está en pañales. Sin embargo, el tiempo apremia, sin que les importen las consecuencias de este atraso a los opositores al cambio, en ciertos círculos universitarios (UCR y UNA), sindicales y políticos. El Gobierno ha cumplido, asimismo, con creces su disposición al diálogo. Es preciso, sin embargo, llevar a cabo una estrategia de comunicación, de parte de Comex y, en general, del Gobierno para enfrentar la manipulación, la mala fe y la violencia de ciertos grupos extremistas, y hacer conciencia sobre los efectos nefastos de la marginación del país del proceso de apertura y de reforma interna. Si se les ha dado relevancia a estos primeros 100 días, bueno es sacarle provecho a esta oportunidad de reflexión, mucho más allá de la celebración de un Consejo de Gobierno a plena luz, en el Parque Nacional, del anuncio de algunos resultados, del traslado de la embajada de Jerusalén a Tel Aviv o del acto simbólico contra el desarme. El mejor fruto debe consistir en corresponder a la confianza y al optimismo, que aún perdura, con un análisis interno del Gobierno de la labor emprendida el 8 de mayo pasado, regido por criterios firmes de objetividad, apertura y crítica sin complacencia y sin temor, con la determinación clara y sincera de rectificar, en lo conducente, en el fondo y en la forma. Las tendencias erróneas o inciertas que, desde ahora, se detecten deben eliminarse. Su reiteración o acumulación compromete el futuro del Gobierno y del país. |
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